Abelardo Pachano

Otra piedra

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El mercado de hidrocarburos continúa moviendo su precio dentro del rango para el cual la mayoría de predicciones lo considera razonable. Oscila, me refiero al WTI que marca el del crudo ecuatoriano, entre 42 y 56 dólares el barril. Fijan su comportamiento variables propias de la actividad como son los inventarios, el nivel de la oferta tradicional, la conducta de la producción de esquistos y, por supuesto, las estimaciones del crecimiento mundial. Lo alteran factores geopolíticos, entre los cuales la evolución de la negociación del control nuclear de Irán, la estabilización de países como Libia, el control político de Yemen y la lucha contra la violencia de los extremistas islamistas, tienen rol particular.

Sin embargo, la existencia de un excedente de producción diaria constituye una realidad que no encuentra, por lo menos hasta ahora, algún productor, estatal o privado, dispuesto a sacrificar su participación en el mercado. Se conoce sobre la revisión de los programas de inversión futura que traerán consigo tasas menores de expansión de la oferta actual, pero de manera simultánea está en vigencia la política de búsqueda de autonomía energética de los EE.UU., que sin duda alguna es un contrapeso de esa inercia natural derivada de rentabilidades menores en esta actividad.Es, a no dudarlo, factor de indudable valor y vigencia en la causalidad de los hechos que condicionarán la realidad del mercado mundial.

En ese plano, la información sobre la pérdida de horizonte potencial de crecimiento de las economías maduras y las emergentes, ponen su grano (posiblemente grande) de arena como estorbo en la posible recuperación de los energéticos, especialmente no renovables. Es un nuevo elemento a considerar. La vitalidad del mundo, conocida antes de la crisis del 2007-2008, que para algunas regiones aún no se supera, aunque hay mejoras evidentes, no se la recuperará. Hay factores estructurales que condicionan el nuevo horizonte productivo cuyo tratamiento y solución demandarán lapsos de considerable extensión.

En las economías maduras esta nueva historia se inició con el siglo, mientras en las emergentes, los primeros indicios aparecieron después del año 2009. El informe del FMI sobre la Economía Mundial, que se conoció este mes, trae esta novedad. Y la razón fundamental para este cambio (en los avanzados) es la declinación de la productividad de los factores de producción, atribuible al envejecimiento de la población, la pérdida de dinamismo en la preparación de la mano de obra para actividades de alta tecnología y la retracción de la inversión. En los emergentes el factor demográfico también marca esta realidad. La población en edad para trabajar ya no crece al ritmo anterior. Tampoco lo hace la inversión.

apachano@elcomercio.org