Susana Cordero de Espinosa

Una pareja singular

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En el pensamiento moral de Nietzche, el ser humano es “el animal criado para cumplir promesas; según su teoría, el hombre que cumple promesas ha creado en sí mismo una facultad opuesta al olvido, una ‘memoria de la voluntad’”... A esta memoria acudo, pues hace ya algún tiempo se presentó en Quito y recibimos en la Academia el libro “Filosofía de la Libertad”, único en nuestro medio intelectual, recopilación de reflexiones, ensayos y discursos con ideas de particular profundidad, escritos a lo largo de su vida por don José Rafael Bustamante (1881-1961); miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua y su director interino durante algún tiempo; fundador del Grupo América –nuestro primer grupo cultural anterior a la querida Casa de la Cultura, hoy en trance de ser engullida por el múltiple vientre de auténticos elefantes blancos- y hombre público de honor.

Fue esposo de una mujer excepcional, Hipatia Cárdenas de Bustamante, (1889-1972) a quien el Ecuador agradece el inicio genuino de la lucha feminista en nuestra patria; ella clamó desde su pluma a favor del reconocimiento de la mujer; promocionó en sus talentosos escritos el logro del sufragio femenino en el Ecuador, y gracias a su activismo y al de Zoila Ugarte de Landívar, “las mujeres ecuatorianas fueron las primeras en toda Hispanoamérica en recibir el sufragio nacional en 1929”; se cuenta entre las más importantes luchadoras feministas de la época, en la patria y en América.

En 1938, vive el Ecuador agobiado por las dictaduras –Federico Páez, Alberto Enríquez Gallo-. Doña Hipatia, al compartir con su marido la inquietud respecto del espíritu democrático de los ecuatorianos, envía a diversas personalidades una encuesta con la siguiente pregunta: “¿Qué debe hacer el Ecuador para librarse de las dictaduras?”. El libro en el que recopila las ciento nueve respuestas provenientes de miembros de los partidos Liberal, Conservador y Socialista, publicado en plena dictadura militar de Alberto Enríquez, contribuyó, se dice, a la renuncia digna del general al gobierno de facto.

Entre quienes recibieron y respondieron a la original encuesta se encontraba su propio cónyuge, pensador y filósofo ecuatoriano, quien razonó así: “La guerra de la Independencia nos legó el caudillaje y la serie de grandes hombres de corte y tipo dictatorial. … en ellos gustamos de ver a nuestros héroes máximos: Bolívar, Rocafuerte, García Moreno, Alfaro, figuras que adoramos con fervor: al Libertador, todos; a los otros, según el partido en que militemos”. “Toda la historia republicana se desarrolla en un ambiente despótico revolucionario y sitúa la contienda política en el campo violento y primitivo de la fuerza que excluye la posibilidad democrática y exalta la autocracia. Nuestra política oscila entre dos crímenes: el del despotismo en el Gobierno y el de la revolución en los gobernados. Y los mismos hombres que cuando están abajo hacen la revolución en nombre de la libertad, ejercen el despotismo cuando están arriba, en nombre del orden”…

Nada resume mejor este espíritu, hasta hoy.

scordero@elcomercio.org