Óscar Vela Descalzo

La mujer y la guerra

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 2
Indiferente 2
Sorprendido 3
Contento 29

Svetlana Alexiévich (Bielorrusia, 1948) es una periodista y escritora galardonada con varios premios importantes, entre ellos el Nobel de Literatura 2015. La Academia Sueca, entre las motivaciones para la concesión del premio de mayor relevancia para las letras, consideró que su obra es “un monumento al sufrimiento y al coraje en nuestro tiempo”.

“La guerra no tiene rostro de mujer” (Debate, 2015) es uno de los libros más representativos de su obra. Se trata de un ensayo y recopilación de crónicas sobre la participación de un millón de mujeres en el Ejército de la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial. El texto sacude a los lectores con historias que se desconocían en gran parte, pero que al conocerlas sorprenden por la crudeza de una realidad que contradice la naturaleza de la mujer como creadora de vida. Y precisamente las múltiples historias que se narran en este libro parten de reflexiones de estas mujeres como la que sigue: “Nos había costado asimilarlo. Odiar y matar no es propio de mujeres. No lo es… Tuvimos que convencernos… Obligarnos a nosotras mismas”.

Sin ningún afán que pudiera caer en un feminismo exacerbado, la autora trata en este libro la cuestión de la guerra, la muerte, la violencia sexual, el acto de matar en defensa legítima y evitar morir como el ejercicio natural del instinto de conservación, con las voces de esos personajes que nunca antes tuvieron voz en los conflictos bélicos que han azotado a la humanidad.

Dice Alexiévich: “Todo lo que sabemos de la guerra lo sabemos por la ‘voz masculina’… En lo que narran las mujeres no hay, o casi no hay lo que estamos acostumbrados a leer o escuchar: como unas personas matan a otras de forma heroica y finalmente vencen. O como son derrotadas. Los relatos de mujeres son diferentes y hablan de otras cosas. La guerra femenina tiene sus colores, sus olores, su iluminación y su espacio. En esta guerra no hay héroes ni hazañas increíbles, tan solo hay seres humanos involucrados en una tarea inhumana”.

En efecto, los relatos de estas mujeres van mucho más allá de lo que estábamos acostumbrados a leer, mirar o escuchar, mucho más lejos de las armas y las estrategias, de los vencedores que cuentan la historia a su modo y de los vencidos que hacen todo lo posible para justificar su derrota en los registros futuros. En estos relatos íntimos, profundos, ellas no se sienten vencedoras ni vencidas, sino seres de una especie que lleva en el alma la impronta del horror. En estos relatos el final tampoco será el mismo, pues la victoria antes que dar pie para el festejo y la alegría, abrirá el espacio al recogimiento y a la reflexión.

La historia de una guerra narrada por mujeres cambia totalmente la perspectiva del conflicto. Su inmensa sensibilidad a la hora de la batalla no las hace débiles, por el contrario, las fortalece para comprender que en la guerra, sean quienes sean los actores, todos serán siempre derrotados, tanto los muertos como los vivos.