Susana Cordero de Espinosa

Y el peinado...

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Un xenófobo con apellido de onomatopeya (¡trump!, peor que el ¡pum! que nos asustaba de niños/as!), y con nombre de pato, lleva camino de alcanzar la Presidencia de la nación más importante y democrática del mundo, (con todos los defectos que ‘importancia’ y ‘democracia’ guardan en sus ranuras, pero aun así, con menos que aquellos países que nos aterran con sus derivas totalitarias, para desgracia de los pueblos).

En la memoria del Ecuador luce la estadía de Trump, relacionada con nuestro exLucio, y con uno de los acontecimientos más caros y ridículos de la historia patriótica, ese en el que, por obra y gracia de doña Baki -una especie de Freddy Ehlers en femenino-, se gastaron millones para ‘promocionar al Ecuador’, mediante un reinado que al final no fue. La platita sí, fue a parar al bolsillo del onomatopéyico palmípedo, cuando nos hizo el honor de visitarnos en calidad de dueño y señor de los reinados de belleza.

El traje típico que lució nuestra reina se llamó “Unión del Ecuador”: ¡traje con nombre de alucinación!, ‘porque tiene elementos culturales de distintas regiones’. En el “Unión del Ecuador”, la malla-base transparente, ‘representaba a la cultura Valdivia’ (¡?). Un corpiño de terciopelo negro ‘interpretaba la riqueza petrolera del país’. Se bordaron, a lo Zuleta, motivos patrióticos, se tejieron con filigrana de plata algo como alas por hombreras y una especie de casco para la cabeza venusina: “importante tiara que representa los esfuerzos de la unión de las veintidós provincias’.

Nada faltó en el atuendo: ‘cristales, lentejuelas, mullos y mostacillas representaron a Quito, Luz de América’, ‘elementos que constituyen el ámbito físico de la patria’, y hasta agua debió de instalarse, pues la falda constaba de un armazón con filas de trescientas rosas de dos colores ‘para darle profundidad’ ¿al armatoste?, adheridas a un armazón para entusiasmo de los nacientes floricultores.

Alguien señaló, muy en serio, que como ‘más nuestros que las rosas son los plátanos’ estos debían representarse en el traje, aunque para el mismo diseñador de la idea de los plátanos, el ‘Unión’ resultó un desperdicio: ‘hombreras y corona eran de un traje interplanetario: el diseño deformaba la figura de la chica, parecía la mujer tarántula. Un pésimo trabajo nos representó’. Y pretendieron sus inventores, bordadores y filigranadores, vendedores de rosas y de rasos, que el traje ‘representara a la cultura Valdivia’, ¡ay, si nuestras antiguas Venus, desnudas y peinadas, se hubieran mirado en la miss así compuesta!

¿Se averiguó si la ilusión del expresidente, de bakis y de trumps sobre estar en el libro de los Guinness se ha cumplido? Con esa voluntad expresa escondieron la hermosa pileta de la Merced, bajo ‘el ramo de rosas ecuatorianas más grande del mundo’. ¿Estarán en él, el traje, la tiara y las alas? Y si no lo está ya, un día no lejano tendrá esa gloria, el peinado del señor Trump.
Asambleístas/os ¿ya prorratearon su sueldo de un mes, para nuestros dolidos hermanos?