Enfoque internacional

La marihuana como medicina

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19 de agosto de 2014 23:20

El Tiempo, Colombia, GDA

En medio de los actos que tuvieron lugar para conmemorar los 25 años de la muerte de Luis Carlos Galán, a manos de la mafia, un hecho llamó la atención: el respaldo del presidente Juan Manuel Santos al proyecto de ley del senador Juan Manuel Galán para reglamentar el acto legislativo 02 del 2009 y aceptar el uso medicinal de la marihuana en el país.

La iniciativa y el respaldo presidencial deben analizarse en dos dimensiones: lo que significa este gesto a la luz de la dura y costosa lucha antidrogas que el país ha sostenido en los últimos 30 años y, por otro lado, en la de sus efectos prácticos.

Respecto a lo primero, que el hijo de un líder asesinado por su frontal oposición al poder corruptor que para entonces habían alcanzado las organizaciones criminales sea quien asuma esta bandera, es un mensaje poderoso, que se refuerza con el apoyo presidencial. Igualmente, resalta la sensatez y el coraje del senador al entender que es hora de romper el devastador círculo vicioso en el que cayó la otrora bienintencionada política contra este flagelo mundial.

Su postura no es aislada. Al contrario, se inserta en una visión crítica del prohibicionismo a ultranza, dominante en el planeta desde comienzos del siglo pasado, y que cada vez toma más fuerza a escala mundial.

Giro que se fundamenta en múltiples estudios que demuestran los enormes costos en recursos y en vidas que ha significado la guerra antidrogas, sin que su mercado disminuya, y la dolorosa conclusión de que la prohibición no es la manera más efectiva de disuadir a los consumidores. En otras palabras, es hora de abandonar el lente de la represión para adoptar el de la salud pública y concentrarse en el consumidor, en la prevención y manejo adecuado de la adicción y en la prevención del daño.

Se podrá decir que el proyecto solo busca permitir su uso medicinal, lo que en rigor es cierto. No obstante, este paso tendría un significado que trascendería el ámbito terapéutico y permitiría, como ya se observa, abrir el debate orientado hacia un cambio del paradigma en la postura del Estado colombiano en esta materia. Señales en este sentido también se asoman en el texto del acuerdo alcanzado con las FARC en lo relacionado con el narcotráfico.

En cuanto a lo segundo, hay que advertir que el uso medicinal de la marihuana no es un asusto expedito. Como lo señaló el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, aquí no se puede dar un salto al vacío.

Para empezar, la marihuana no es la panacea para todos los males de los que se habla. Algunos de sus componentes han demostrado beneficios en síntomas específicos, como dolores de origen neuropático, náuseas en pacientes con cáncer y algunos casos de glaucoma, que usados libremente serían de gran ayuda para quienes los padecen.

Eso exige líneas claras de investigación, protocolos serios sobre indicaciones, presentaciones, dosis, tiempos de uso. También, definiciones sobre disponibilidad, dispensación, costos y la forma como se registraría este insumo como bien sanitario.