Jorje H. Zalles

El gato almacenero

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 84
Triste 0
Indiferente 1
Sorprendido 2
Contento 12

Dos recientes circunstancias nos invitan, lamentablemente, a ponernos en alerta. En una reciente visita a Bahía de Caráquez, vi que en edificaciones sin daños evidentes habían carteles que advierten de riesgos y de la necesidad de derrocamiento. Surgieron dudas: ¿Quiénes los colocaron, y con qué criterios? ¿Habrá interés en derrocar lo que no necesita ser derrocado?

Luego se conformó el Comité de Reconstrucción, cuya mayoría la componen altos funcionarios del Ejecutivo. “Podrán asistir”, sin voto, delegados del sector productivo privado. ¿Al menos tendrán voz? ¿Y qué rol tendrá el resto de la sociedad civil -los damnificados, los dueños de inmuebles afectados, los médicos, los establecimientos educativos, las agrupaciones de beneficencia-?

Es que ¡Cuidado! Según la Agencia Pública de Noticias del Ecuador y Suramérica (Andes), en la conferencia que dictó en el Vaticano, el Sr. Presidente de la República advirtió que “hay que tener mucho cuidado con aquello de la importancia de la sociedad civil en la sociedad.” Y según Diario EL COMERCIO, el Presidente agregó que “para lograr la justicia, se requiere de una adecuada intervención del estado, con una sociedad tomando sus decisiones por medio de procesos políticos”. ¿Qué es “una adecuada intervención del estado”? ¿Y por qué solo ‘procesos políticos’?

La respuesta a esas preguntas puede que esté en otro evento reciente: la aprobación de la llamada Ley de Solidaridad (como si la solidaridad surgiese solo por imperio de la ley).

Con la sinuosa habilidad con que se manejan los ¨procesos políticos”, se introdujo en esa Ley, sin previo aviso, la disposición transitoria tercera, que dice que durante 12 meses, para fines de la interconexión con el sistema de dinero electrónico, “el Banco Central del Ecuador no estará sujeto a los límites y restricciones establecidos en el Código Orgánico Monetario y Financiero.” ¿Será que, al fin, podrán tratar de imponernos moneda inorgánica, que la dolarización no les ha dejado imponernos hasta ahora?

¡Claro que tienen miedo a la sociedad civil! Somos capaces de detectar y de resistir las trampas dañinas de los ‘procesos políticos’. Y apoyados por poderes judiciales independientes, como en Brasil y Argentina, somos capaces de hacer que rindan cuentas quienes abusaron de esos ‘procesos políticos’.

Por ahora, debemos asegurarnos que en la reconstrucción de Manabí y Esmeraldas se actúe con razones, oyendo las voces de la “peligrosa” sociedad civil; y en cuanto al dinero electrónico, debemos resistir todo intento por convertirlo en una forma tramposa de emisión inorgánica -una moderna maquinita para emitir dinero falso- que pudiera llevarnos al desastre que hoy vive Venezuela.

Es triste tener que desconfiar de nuestros gobernantes. Pero ¿es nuestra la culpa?