Mario Osava

La política y la justicia se autodestruyen en Brasil

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IPS

El juicio que puede desalojar a Michel Temer de la presidencia de Brasil, por delitos electorales, contrapone aliados y une enemigos en un proceso donde la justicia puede resultar la única condenada.

Iniciado el 6 de junio, el juicio del Tribunal Superior Electoral (TSE) decidirá en cuatro días, si anula el triunfo de Dilma Rousseff (2011-2016) y Temer, candidatos a presidente y vicepresidente, respectivamente, en los comicios de octubre de 2014.

Pero el desenlace deberá demorar algunos meses. Primero si uno de los siete jueces pide más tiempo para analizar mejor los autos. Luego porque Temer, si es condenado, podrá recurrir al mismo TSE y luego al Supremo Tribunal Federal (STF), la instancia constitucional máxima, para revisar la sentencia.

Temer ascendió a presidente en mayo de 2016, cuando Rousseff fue suspendida del cargo para responder al proceso de inhabilitación que la destituyó definitivamente el 31 de agosto.

Se convirtieron en enemigos, con la expresidenta, su Partido de los Trabajadores (PT) y sus aliados acusando de “golpista” al sucesor. Pero ahora vuelven a luchar juntos por una absolución.

“Lo que está en juicio parece ser la misma Justicia Electoral”, opinó Diogo Rais, profesor de derecho de la Universidad MacKenzie, en un artículo publicado en el diario Folha de São Paulo el 6 de junio. Ello porque en este juicio se concentraron las expectativas de solución de la grave crisis política brasileña que está entorpeciendo a la economía, cuyos indicadores apuntaban a una tímida recuperación, tras dos años y medio de aguda recesión.

Golpeado por sucesivos escándalos, Temer enfrenta también una investigación penal en que es acusado de corrupción pasiva, obstrucción judicial y organización para delinquir, al mismo tiempo que casi todos sus asesores directos, incluyendo a sus ministros más allegados, ya están encarcelados o denunciados por los mismos delitos.