Abelardo Pachano

Confundido

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Esta parecería ser otra de las características del Gobierno en funciones. Duele decirlo. Quisiera mirar lo que pasa de otra forma. Nos conviene que le vaya bien. Todos ganamos. Pero, no atina qué mismo hacer. La escasez le dio un leñazo fulminante. A ratos da señales de reconvención. Mejora el ambiente. Para algunos renace la esperanza. De pronto, las anula con nuevas posturas. Va y viene sin un derrotero que no sea otro que el de ganar tiempo. Llegar salvo a las pruebas electorales.

En ese juego, el país se agota. Sufre. Pierde patrimonio. Se esfuma el empleo. Negocia sin fuerzas y arrinconado. Le imponen condiciones onerosas. No encuentra salida. Y, sin embargo, insiste que pronto todo será historia. Con seguridad, muy dolorosa. Eso ya no se lo puede evitar, aunque sí mitigar.

Muchos saben que hay que poner el hombro. Ser solidarios, aunque no faltan quienes se resisten a pagar el costo. El primero que juega contra los demás es el propio Gobierno. Insiste en cuidar sus intereses. No para en recargar los tributos. Usa cualquier argumento, algunos abstrusos para justificarlos. Pero no quiere ser austero, como le obliga una economía exánime.

No se la maneja solo con amenazas. Cargando las tintas y haciendo la vida difícil a ciertas actividades. O a determinados consumidores. ¡No! Se la puede reorientar también con incentivos. Lo que más se necesita es influenciar para que se creen empleos. Hacerse amigo de la inversión privada. Pero, amigo en serio. Convencido de su importancia. Sin dobleces o dudas. Ahí está el objetivo central. Parece sencillo, aunque en la práctica no lo es. Todo pasa por la bendita confianza. Y eso significa establecer diálogos sinceros. Cumplir la palabra.

Las deformaciones creadas por tanta reforma tributaria son evidentes. Se para la inversión. Cae el consumo. Aumenta la economía negra. Florece el contrabando. Sigue la salida de divisas. Los impuestos son necesarios pero deben ser razonables. Adecuados. Estables. Previsibles.

Es hora de bajar impuestos. No de subirlos. La recesión requiere de alivio. No de más peso. Con la reforma laboral tan distorsionada y folclórica, que no traerá los efectos buscados, se coqueteaba ex ante a la inversión. Por ahí, ya es tarde. Seguirán los despidos. Ahora, con las nuevas cargas anunciadas, se agudiza ese proceso.

Por esta línea de acción no se recupera competitividad. No es un problema del tipo de productos a los que se los castiga con más impuestos. Es el mensaje de inestabilidad en el manejo de la crisis. No se conoce cuál es el programa ni las metas que se buscan.

Así, entre sombras y con más dudas que certidumbre avanza el año. La mala política sigue complicando la vida. No transparenta sus decisiones ni abre un debate creativo.