Manuel Terán

Normativa eficaz

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29 de May de 2013 00:01

Poco afortunados han sido los países latinoamericanos en construir Estados en donde la ley sea acatada por todos. La herencia colonial, que se remonta a prácticas peninsulares, significó que se impusiera la voluntad de los poderosos de turno por encima del interés de la colectividad. Este hecho inocultable en gran parte de nuestra historia común, permitió que echara raíces la ideología según la cual todo ordenamiento jurídico no es más que una estructura para legitimar intereses individuales, incluso protervos. El gobernante de turno, sea cual fuese su tendencia, es proclive a buscar el atajo para sortear la ley. Las necesidades particulares de las personas comunes, inermes ante la modorra e ineficiencia de la burocracia, ha llevado a que se acepte como válido y "eficiente" aquel procedimiento que busca el camino para obtener un determinado resultado. La norma construida al margen de lo que prevalece en la sociedad, impuesta por una dirección que pretende manejar un determinado tema a su entero antojo o parecer, termina siendo burlada u olvidada. Ejemplos sobran, tanto para administradores como para los propios administrados. Esa visión que prevaleció por épocas ha sido superada por otros comportamientos. Las leyes nacen en las sociedades avanzadas para plasmar lo que ésta piensa, siente, aplica; en consecuencia, el ciudadano adhiere a la conducta solicitada.

No solo eso, el conglomerado social está atento a que el sistema de justicia se aplique sin miramientos a quien esquiva la norma. Se produce la aceptación del precepto legal porque encaja en lo que son los valores, criterios y comportamientos sociales. No son conductas extrañas. Son prácticas que, producto de la convivencia, los ciudadanos quieren que se eviten y se sancionen o, si es el caso, se permitan de acuerdo al momento y lo que perciba la sociedad como una conducta conveniente para ser estimulada.

Esto se ha dado en el mundo moderno como una construcción de valores En la cima se halla la defensa de la vida y de las libertades. No necesariamente esa edificación viene determinada por los que tienen ciertos intereses, sino por el aporte de una masa crítica, la academia y una clase media extendida.

Citado por Adela Cortina, Ortega y Gasset decía: "Solo hay riqueza en los países donde tres cuartas partes de los ciudadanos cumplen con su obligación". A la norma justa la ciudadanía la acepta, a la que le imponen con otros fines la esquiva. En consecuencia, la tarea de legislar no involucra sólo voluntades y direccionamientos, sino un proceso de estudio y reflexión que tenga como producto final una norma idónea eficaz. Quizás esas prácticas tan acentuadas de nuestros políticos de imponer voluntades como ejercicio de su mandato, hacen que nos llenemos de preceptos vacíos de legitimidad que rigen lo que dura el poder de turno.