Antonio Rodríguez Vicéns

Marx y la libertad de prensa

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21 de February de 2012 00:00

En mayo de 1842, el periodista alemán Karl Marx, usando todavía el lenguaje y las categorías hegelianas de sus textos iniciales, escribió para la ‘Gaceta Renana’ tres artículos sobre la libertad de prensa. La defendió con su característica pasión. En el primer artículo recordó que Goethe decía que “el pintor solo traza cuadros logrados de la belleza cuyo tipo ha llegado a amar…”. También la libertad de prensa -dedujo- es una belleza “que es necesario haber amado para poder defenderla. Lo que uno verdaderamente ama es aquello cuya existencia se reputa necesaria, como algo sin lo cual siente uno su propia existencia frustrada, insatisfecha, incompleta”.

En esos artículos, que los biógrafos que he leído olvidan o apenas mencionan, con las excepciones de Franz Mehring y Robert Payne, Marx hizo su análisis partiendo de una convicción: la libertad es “la esencia del hombre” y, por tanto, la libertad de prensa, siendo “una realización” de esa libertad, es necesaria y buena. “Solo puede ser humanamente bueno lo que es una realización de la libertad”. “La prensa libre es el ojo siempre vigilante del espíritu del pueblo, la confianza materializada de un pueblo en sí mismo, el nexo expresado en palabras que une al individuo con el Estado y con el mundo, la cultura incorporada que esclarece las luchas materiales como luchas espirituales e idealiza su tosca forma material”.

Marx condenó, calificándolos de “altaneros y supersabios burócratas”, a quienes rechazan la libertad de prensa. “Al poner en tela de juicio una libertad determinada, se pone en tela de juicio la libertad. Al echar por tierra una de las formas de la libertad, se rechaza la libertad entera…”. Aceptando las deficiencias de la prensa libre, que “no puede prometer la perfección a un hombre o a un pueblo”, negó la división entre prensa ‘buena’ y prensa ‘mala’. “Resulta muy trivial eso de burlarse de lo bueno diciendo que es algo limitado y específico y no todo lo bueno en general…”. En última instancia, llegó a una conclusión rotunda: “La mala prensa es la prensa censurada”.

La libertad de prensa se ejerce mediante la crítica. En ese sentido, la censura, que “constituye un atentado constante contra los derechos de las personas privadas y, más aún, contra las ideas”, es la “crítica monopolizada por el Gobierno”. La crítica “pierde su carácter racional si no se ejerce abiertamente…; si, en vez de estar por encima de los partidos, se convierte en un arma de un partido; si no esgrime el afilado cuchillo de la inteligencia, sino las tijeras romanas de la arbitrariedad; si se limita a ejercer la crítica sin soportarla…; si, por último, es la negación misma de la crítica hasta el punto de confundir a un individuo con la sabiduría universal, de confundir los decretos del poder con el lenguaje de la razón”. Marx dixit.