Washington Herrera

Malestar en Quito

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Ha causado malestar la subida de los impuestos prediales porque a nadie le gusta pagar tributos, aunque no es justo reclamar obras sin contribuir con lo necesario, por lo que los quiteños debemos estar dispuestos a colaborar con la Municipalidad siempre que las cosas se hagan bien. Claro que habrá que revisar los casos injustos y excepcionales, pero para el futuro quizá se podría imitar a lo que al parecer hizo la Alcaldía de Bogotá cuando pidió a los propietarios de bienes inmuebles que comuniquen por escrito el valor de su propiedad para el cálculo de la base imponible del impuesto predial, con la condición de que la municipalidad se reserva el derecho de comprar el inmueble cuando estime que está barato. De esta manera se hizo un esquema básico de recaudación justo, que dio tranquilidad a los propietarios y recursos a la ciudad de Bogotá.

La población de Quito también está disgustada por las molestias que en la movilidad sufren los ciudadanos de a pie y también los motorizados, pues comprueban que ha habido descuido en el mantenimiento de calles y veredas que afectan al buen vivir, por lo cual se necesita emprender en una acción de gran magnitud como es repavimentar y mantener casi todas las calles y esto cuesta mucho dinero. Al respecto tal vez se debe aprender también de Bogotá que consiguió una ley que le permitió subir un poco al precio de la gasolina que esta ciudad consume, con destino exclusivo al mejoramiento de las calles y rutas de la inmensa capital colombiana, como en verdad lo está haciendo. Conviene debatir estos dos ejemplos de Bogotá.

Lo deseable es tener transporte masivo bueno en Quito porque el Metro solo cubrirá una franja longitudinal importante pero insuficiente para transportar a los pobladores desde el extremo sur al extremo norte y desde el este al oeste. Al tiempo que avanza esta obra es necesario multiplicar las vías exclusivas de transporte masivo, con pavimento nuevo para que el ciudadano de a pie viva mejor las horas que pasa en los buses. Además éstos deben ser eléctricos para aprovechar la energía que le sobra al Ecuador y para disminuir la contaminación que causan los buses actuales que no alcanzan ni siquiera a cumplir con las exigencias del índice euro 3 cuando otras ciudades capitales cumplen el euro 5.

Pero resulta que el alcalde Rodas sigue con los subsidios a los buses viejos y contaminantes y va a dar USD 18 millones a sus dueños, en lugar de usar ese dinero precisamente en mantener en buen estado las vías por donde circulan esos buses, en cuyo caso la población de Quito estaría dispuesta a pagar un pasaje de 30 centavos.
La prioridad explicable hacia las obras del Metro está dejando sin presupuesto a la empresa de obras públicas municipales que en el año pasado solo pudo hacer el 60% de las obras programadas, lo que, de seguir así, tendríamos un tren subterráneo moderno en medio de miles de calles deterioradas.

wherrera@elcomercio.org