Pablo Ortiz García

‘Malas palabras’

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Las “malas palabras” no existen. Depende de la intención y objeto que se tuvo al expresarlas. Para lastimar a alguna persona, se utiliza algún vocablo con el significado hiriente. Si se recurre al Diccionario de la Lengua, las “malas palabras” son directas. Describen exactamente su significado, y lo hace sin imaginar que esos términos sean ofensivos. El hombre las convierte en “buenas o malas palabras”.

La acepción de culo, por ejemplo, es clarísima: “Conjunto de las dos nalgas”. ¿Acaso no es parte del cuerpo humano? ¿Por el hecho de estar tapado, le hace obsceno? Hay frases en que se emplea esta palabra, como por ejemplo, “caerse de culo”, que coloquialmente es “quedarse atónito y desconcertado por algo”. O “con el culo al aire”: “situación comprometida por haberse descubierto algo”. En ambos casos, no puede pensarse que el término “culo” es utilizado en forma despectiva, ofensiva o morbosa.

Puta es la “persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero”. ¿No es acaso la profesión más antigua del mundo? Ser puta no denigra a quienes por necesidad y con peligros deben dedicarse a tener sexo. Puta (primera vez que la escribo tantas veces en tan corto espacio), como lo dice el Diccionario de la Lengua, “por antífrasis puede resultar encarecedor. Ha vuelto a ganar, ¡Qué puta suerte tiene!” Se la puede emplear, también, en un tono ofensivo, como por lo general lo hace sobre todo el género masculino para referirse a una dama cuando esta no le hace caso. Este empleo de esa palabra, en este supuesto ejemplo es absolutamente incorrecto, denigrante, burdo.

La campaña iniciada por el Municipio de Quito para erradicar el feminicidio, en la que se utiliza el término “puta” en las vallas que ha colocado en ciertos sitios de la ciudad, en mi concepto busca hacer conciencia en aquellos “machitos” que solucionan los problemas o sus frustraciones, golpeando a mujeres, niños, ancianos. Es decir, a personas más débiles que los “valientes boxeadores de casa”. Lamentablemente, los autores de la campaña municipal no explicaron debidamente el objetivo que buscaban, y al haber utilizado ciertos términos que no son del uso corriente y del agrado de mucha gente, los comentarios se quedaron en las “malas palabras”, y no en el fin que se pretende conseguir.

No ofende ni es burda las frase “Si puta es ser libre y dueña de mi cuerpo soy puta… y qué?”. A los seres humanos que se tatúan su cuerpo no se les califica de nada. Pero si una mujer usa una falda corta, o en días de calor su blusa no tiene mangas, ¿acaso eso permite a los “machitos” tener derecho para abusar de ellas?

La campaña municipal intenta crear conciencia en la sociedad, para que las mujeres gocen de los mismos derechos y deberes que los hombres. Que ninguno de los géneros abuse o se crea superior al otro.