8 de March de 2011 00:00

El líder que merecemos

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Lolo Echeverría

La divagación es una suerte de recreo intelectual. No indagamos con rigor en busca de una verdad sino que vamos de una cosa a otra sin método ni objetivo. Lo que comparto ahora con ustedes son divagaciones acerca del liderazgo.

Hay dos preguntas que se plantean todas las teorías del liderazgo, la primera es: ¿el líder nace o se hace? Todo líder tiene destrezas que son innatas como el arte de comunicarse con los demás, ese atractivo especial que llamamos carisma, la urgencia de fijarse metas y llevar hacia ellas a los demás y ciertas condiciones de carácter o personalidad. También se ha intentado, en todo tiempo, fabricar líderes y para ello tenemos toda clase de recetas, desde la propuesta de Platón de que los filósofos se hagan gobernantes, o los reyes filósofos; pasando por la de Maquiavelo que establecía las reglas del buen gobierno de los príncipes, hasta la de modelos matemáticos para orientar a los grandes gerentes de hoy. La respuesta a la primera pregunta es clara: el líder ni nace ni se hace, es la mezcla de las cualidades innatas y las virtudes adquiridas; y no solo virtudes sino también condiciones negativas, por eso no hay líder perfecto; solo son seres humanos con ilusiones y pasiones, traumas y convicciones, virtudes y defectos; hay líderes de distinta catadura, líderes positivos y líderes negativos.

El líder positivo es aquel que inspira a sus súbditos, que une a los miembros del grupo, que da ejemplo de aquello que predica y que produce más líderes, no más seguidores. El líder negativo es corrosivo, personalista y caprichoso, divide a los súbditos entre leales y traidores, confunde los intereses personales con los intereses del grupo, desprecia a los demás y se cree indispensable.

La segunda pregunta que todos se hacen acerca del liderazgo es: ¿el líder es producto del grupo o el grupo es moldeado por el líder? Si el líder es producto del grupo, entonces, es justa la sentencia de que cada sociedad tiene el líder que se merece. En cambio, si el grupo es moldeado por el líder, es posible que los líderes autoritarios que se eternizan en el poder terminen domesticando las sociedades que están bajo su control. Cuando el líder es conductor y legislador, justiciero y moralista, es obvio que no pretende gobernar ni dirigir sino fabricar una sociedad a su gusto y a su medida.

Si tenemos el líder que nos merecemos y hay líderes positivos y negativos, entonces cabe una tercera pregunta: y el líder que tenemos ¿es positivo o negativo?, ¿es un premio o es un castigo?

Tengo un amigo muy apreciado, experto en sicología social, que tiene respuestas fáciles para cuestiones difíciles y salidas jocosas para preguntas capciosas. Cuando le pregunté por qué los pueblos acuden puntuales a las urnas para elegir a los líderes negativos, me respondió: porque el número de los incautos es infinito. Solo son divagaciones. Se acabó el recreo.

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