Washington Herrera

La inversión privada

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El Ecuador debe planificar su desarrollo futuro como si ya no hubiera exportaciones petroleras, como si la inversión pública ya no es sostenida, en cuyo caso la inversión privada debe sustituirla, siempre que haya expectativas ciertas de una rentabilidad suficiente y satisfactoria para el inversionista. Pero dada nuestra débil estructura económica, la inversión privada debe aumentar por su propia supervivencia y porque así nos conviene a todos. El tema es en qué proyectos la inversión privada puede ser virtuosa también para el bien común.

Una de las áreas visibles es la infraestructura física, como más carreteras útiles, puertos, escuelas, hospitales, vivienda popular y obras para impulsar el turismo. Y el otro sector conveniente es el de la producción de bienes y servicios exportables y otros para el mercado nacional. Para las primeras, la idea de instituir normas específicas mediante contratos entre el gobierno y los empresarios privados parece un buen método para dotar de certidumbre a los derechos y obligaciones contractuales.

Pero al mismo tiempo no se debe descartar la ejecución de obras “llave en mano”, para hacer grandes emprendimientos con base en peajes o tasas que permitan recuperar la inversión en plazos largos y negociados a satisfacción de las partes, tal como se hizo el nuevo aeropuerto de Quito y como debería hacerse el Metro.
La producción masiva de bienes transables cuenta con una expectativa real en la apertura del mercado de la Unión Europea, compuesto por 500 millones de consumidores de buen poder adquisitivo, a donde podremos vender, a partir del 2017, sin ningún arancel en la mayoría de los casos.

Ya es tiempo, entonces, de identificar -con base en estudios serios de mercado- los nuevos productos que podremos hacer en el Ecuador, incluso promoviendo inversiones europeas que se encadenarían a dichas producciones . Aquí también cabe otorgar incentivos apropiados y eficaces, para paliar los efectos negativos del dólar fuerte y del euro débil, a través de medidas compatibles con las reglas de la Organización Mundial de Comercio.

Para todo esto el papel de la empresa privada es esencial con el apoyo decidido y eficaz del gobierno. Hay capitalistas ecuatorianos que tienen dinero fuera del país y que bien podrían traer para proyectos buenos y también hay empresarios que han ganado buenas utilidades proveyendo al Estado ecuatoriano de bienes y servicios.

Entonces, la idea sería que haya un gran acuerdo nacional para cambiar positivamente el clima de inversiones. El Gobierno con la base del respeto a los empresarios y aboliendo la hostilidad verbal y aquellos trabajando con la convicción de que sus proyectos saldrán adelante a base de genuina productividad.

Si no actuamos así el país se estancará, los dólares escasearán, los créditos tendrán dificultades de ser honrados, crecerá el desempleo y los salarios se congelarán. Y esto no conviene a nadie.

wherrera@elcomercio.org