Farith Simon

Incitación a la violencia

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Podría hacer una lista –larga por cierto- de las contribuciones que la organización Acción Ecológica ha hecho a la protección del ambiente en el país.

En 30 años de trayectoria ha tenido muchos aciertos, con certeza habrán cometido más de un error, pero siempre el balance será positivo, puede considerarse un ejemplo de organización.

Sus buenas acciones, el compromiso de sus integrantes, su trayectoria serían más que buenas razones para defenderla del ataque gubernamental que está sufriendo; sin embargo, defender esta organización y a sus integrantes por la simpatía que tenemos con su militancia o causa, sería repetir un error que -en parte- ha creado las condiciones para los actuales abusos estatales.


En los primeros años del régimen muchas personas y organizaciones vinculadas a la defensa de diferentes causas, entre ellas las de derechos humanos, guardaron un silencio cercano a la complicidad o apoyaron acciones claramente contrarias a los derechos, para ello se alegaba la “justicia” de la acción (ya era hora decían algunos), la antipatía de los perseguidos o simplemente cuestiones ideológicas sostenían estos silencios.


Una suerte de altruismo selectivo se instaló cómodamente en el país, se alimentó de la polarización, de este blanco y negro que separa a la sociedad en “buenos y malos”, polarizados importan poco los “otros”, únicamente reaccionamos frente a un abuso cuando lo sufren quienes tienen nuestra simpatía o cuando nos llega el turno.

Las redes sociales son testimonio cotidiano de esta humanidad diferenciada, leemos mensajes de una insensibilidad extrema, agresivos, injuriosos, escritos o compartidos por personas que pocos días antes, horas incluso, habían hecho alarde de un gran sentido de humanidad, defendiendo ardorosamente a personas y sus derechos.

Los derechos se defienden para todos en todas las circunstancias, sin importar lo odioso del personaje, causa o acción. No debemos aceptar los abusos porque vienen empacados en causas que consideramos justas, hacerlo nos vuelve vulnerables a todos frente al uso discrecional del poder.


Acción Ecológica debe ser defendida de forma independiente a sus méritos o la simpatía de la causa que abanderan, debe ser defendida por qué no pueden ser castigados por ejercer sus derechos, por qué representan una de las caras más virtuosas de la democracia: el pluralismo, por qué en su contra se usan instrumentos jurídicos espurios.

Debe ser defendida porque los seres humanos que la conforman merecen el máximo respeto, más allá de su causa particular, nos representan a todos en el ejercicio del derecho a organizarnos y manifestarnos. 


No me creo las acusaciones de incitación a la violencia en contra de Acción Ecológica, luego de leer el pedido de extinción y disolución me queda claro que es un proceso abusivo, como muchos otros que se han dado en el pasado, un castigo por que incomodaron al poder, por esto es un deber denunciar y enfrentar los abusos armados de la razón que asiste a quienes ejercen un derecho.