7 de July de 2010 00:00

La verdadera fortaleza

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Carlos Larreátegui

La Asamblea Nacional se prepara para discutir en segundo y definitivo debate dos leyes cruciales: Comunicación y Educación Superior. No es una coincidencia que los dos proyectos hayan finalmente confluido y que el oficialismo pretenda aprobarlas en combo. Aunque regulen espacios diferentes, los dos cuerpos normativos están atravesados por la misma lógica autoritaria que pretende someter la sociedad civil, entendida como el entramado de relaciones libres y espontáneas de individuos y comunidades, a los designios del Gobierno-Estado. No olvidemos que los medios y las universidades, con todas sus debilidades y limitaciones, son un fundamento esencial de una sociedad civil frente al poder porque nutren un pensamiento autónomo que garantiza su vigencia y la sumisión del poder político a la sociedad. Más allá de los aspectos puntuales, el verdadero propósito de estas leyes consiste en alterar de manera radical las relaciones entre Estado y Sociedad Civil, invirtiendo el principio de subsidiaridad que obliga al primero a intervenir únicamente para apoyar y suplir el esfuerzo de los individuos y encaminar el bien común. Estas iniciativas demuestran, también, que el sector duro, izquierdista y radical del Gobierno sigue presente y utiliza el populismo y el capital político del Presidente para armar la sociedad que idealizaron durante la Guerra Fría. En el fondo, estos radicales no sirven al Presidente, al Gobierno o a la sociedad; sirven enteramente a sus dogmas.

Los medios de comunicación han fallado en el correcto análisis y debate de estos proyectos. La reacción, muy natural, ha sido atrincherarse en el espacio de la libertad de expresión perdiendo de vista una amenaza global que rebasa los ámbitos informativos y de opinión. Su primer gran error fue contemplar pasivamente el desmantelamiento de la democracia representativa a través de varios procesos electorales que violaron el estado de derecho y procrearon un sistema político fundado en una opinión pública desinformada y desprovista de herramientas analíticas apropiadas. Con un sistema así, la propaganda y la manipulación publicitaria se constituyen, necesariamente, en los instrumentos primordiales de conservación del poder político y los medios, universidades y cualquier instancia de pensamiento autónomo en sus enemigos principales. En la nueva ecuación de poder, solo un pensamiento único y pobre asegura la vitalidad de un sistema político basado en el plebiscito dirigido.

Mientras la comunidad ecuatoriana, extremadamente fragmentada y sujeta a visiones aisladas y desintegradas, no salga de sus pequeños espacios y mire la foto grande, la lucha por los derechos individuales y las libertades se hará más difícil. La única verdadera fortaleza de los regímenes autoritarios es la miopía y división de la sociedad Civil.

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