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23 de June de 2012 00:02

El Presidente ha ordenado a sus ministros que no asistan a entrevistas en los medios mercantiles. Al contrario de lo que se podía esperar, las reacciones ante tan peregrina disposición han sido escasas. En el rebaño la reacción es el silencio prudente; en los medios molesta el discrimen que plantea; a los ciudadanos comunes, la llamada ‘ley del hielo’ les deja fríos.

Hace años, el dueño de un canal de televisión me propuso la producción de un programa de entrevistas. Los programas de opinión o entrevistas están agotados, le dije, porque los políticos “ni dicen lo que piensan ni hacen lo que dicen”, se han tornado mentirosos. Hagamos un programa de opinión pero sin políticos, añadí. -Y si no están los políticos, ¿quiénes estarán?, me preguntó. - Los periodistas, le respondí, son más informados y menos mentirosos. Realizamos el programa y se difundió con éxito durante 2 años.

La entrevista es un género desagradable para los políticos porque, ante ciertas preguntas, siempre pierden como me dijo alguna vez un candidato: “Si usted me pregunta si voy a pagar la deuda del IESS, pierdo si le digo que la pagaré porque me pillarán en mentira y pierdo si le digo que no la pagaré, no me elegirán”. Solo hay dos estilos de entrevista que aceptan los políticos, el estilo ‘Suso’ y el estilo ‘Gestoso’.

Las entrevistas al estilo de la legendaria periodista Oriana Fallaci, ya no son posibles por falta de materia prima. Ella no creía en los entrevistadores que pretenden ser notarios que registran lo que escuchan y lo que ven. En la entrevista, decía, “me comporto oprimida por mil rabias y mil interrogantes que antes de acometerlos a ellos me acometieron a mí, y con la esperanza de comprender de qué modo, estando en el poder, ellos determinan nuestro destino”.

Los medios saben que no pueden obligar a nadie a someterse a las preguntas de una entrevista, porque creen en la libertad. Si el presidente puede obligarles a los ministros al silencio, será porque no cree en la libertad. La disposición presidencial desconsuela, nos obliga a pensar: si no cree en la libertad de sus ministros, ¿cómo puede creer en la nuestra?

La fobia a las entrevistas, común entre los caudillos latinoamericanos, se debe al temor a responder mal o quedarse sin respuesta; a que no creen en la verdadera rendición de cuentas, ya que es un género que puede desnudar la verdad del poder. Oriana Fallaci entrevistó a los líderes más grandes de su tiempo y llegó a la penosa conclusión de que “ni siquiera un criterio selectivo justificaba su poder: quien determina nuestro destino no es realmente mejor que nosotros, no es más inteligente, ni más fuerte ni más iluminado que nosotros. En todo caso, es más emprendedor, más ambicioso”.