Juan E. Guarderas

Ecuador del tercer mundo

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El caso de Bonil… de tercer mundo; pronunciado sílaba por sílaba, ter-cer mun-do, o es algo propio del siglo XVIII. De paso ¿por qué no hace la Supercom una lista de libros prohibidos? Un libro de la lista de best sellers del New York Times, “New Rules”, del comentarista y cómico político Bill Maher, bromea sobre las pocas probabilidades de que un joven afroamericano sea Presidente de una multinacional y como las partes íntimas de Janet Jackson “hieren ojitos cristianos”. ¡A prohibir Supercom!

También se podría prohibir la lectura del Charlie Hebdo en Ecuador. Pocos periódicos con una sátira política tan punzante como Charlie Hebdo; ellos no se han guardado de hacer burlas de carácter étnico o religioso. Mientras allá de manera profusa y multitudinaria se les apoya, aquí sus bromas no pasarían. ¡A prohibir Supercom!

Y si ya estamos con la moralina subida, ¿qué es esto de publicar fotos de mujeres vacacionando en biquinis? ¡Sexistas! ¡Obscenos! ¡A prohibir Supercom!

Ocurre que la tecnología de los derechos humanos todavía no llega al tercer mundo. Para nosotros la libertad de expresión debe solo servir para transmitir ideas lindas, cariñosas y amables.

Pues no, precisamente es un derecho, porque protege la divulgación de ideas que puedan resultar desagradables o hirientes; si no, este concepto no tendría razón de ser.Además, jurídicamente la comedia tiene límites de tolerancia especialmente amplios. La parodia no es un compendio de aseveraciones exactas sobre la realidad o deseos sobre lo que debería ocurrir; por eso en los países desarrollados los comediantes pueden hacer bromas sobre afrodescendientes y blancos sin terminar en la Fiscalía.

Lo más alucinante del caso es que la caricatura de Bonil no era discriminatoria contra los afroecuatorianos. Es evidente que Agustín Delgado no tiene una preparación que le permita crear leyes técnicas y certeras. No importa el color de Delgado; puede ser verde, amarillo o fucsia, ello no incide en su capacidad para legislar bien. La caricatura de Bonil igual hubiese sido pertinente aunque se tratara de una mujer, un budista o un homosexual. Asimismo, es claro que como asambleísta Delgado percibe una remuneración elevada, que contrasta con su desempeño como legislador.

Pero además, lejos del tercer mundo - en Estados Unidos - en el caso de Hustler vs. Falwell la Corte Suprema dictaminó que respecto a figuras públicas debe existir una especial tolerancia en cuanto a las ofensas y críticas; esto por el intenso debate –que se entiende beneficioso para la democracia– que se da en torno a ellas.

Eso es allá. Acá nos tenemos que contentar con una libertad de expresión de segunda categoría. Una que nos permite alabar incansablemente, que dadivosamente nos permite decir “ayyy que estupendos que son, ¡qué maravilla como nos protegen de los malvados periódicos!”

jguarderas@elcomercio.org