Lolo Echeverría Echeverría

Derecho a la réplica

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29 de March de 2014 00:01

Un ciudadano ha dado al Gobierno, sus instituciones y sus medios, una cucharada de su propia sopa con la simple solicitud de que cumplan la ley y le otorguen el derecho a la réplica establecido en los instrumentos internacionales, en la Constitución y en la Ley de Comunicación. Los hechos son conocidos por todos: el presidente Correa, en una de las sabatinas, tildó a un ciudadano de "fascista" y aseguró que tiene una "empresa chimba que se vende al mejor postor".

El ciudadano aludido acudió al canal estatal y solicitó el derecho a la réplica, se le negó argumentando que no le pertenece al canal la producción del programa sino a la Secretaría de Comunicación. Acudió a la Secom y se le negó asegurando que la Secom es una institución de naturaleza distinta a la de un medio de comunicación. Finalmente acudió a la Superintendencia de Comunicación donde le informaron que van a estudiar la solicitud para determinar si tiene el derecho a la réplica y que disponen de noventa días para hacer el estudio. Lo primero que deberá resolver es el significado de la expresión "de forma inmediata" cuando la ley se refiere al derecho a la réplica.

Por su valor y prolijidad este ciudadano le ha colocado ante una aporía al Superintendente de Comunicación. Si la respuesta es positiva y le concede el derecho a la réplica establece un precedente inmanejable, pues cada sábado hay ciudadanos vejados, tildados de mentirosos, mediocres, corruptos y toda una lista de términos parecidos, que reclamarían también el derecho a la réplica y en todos los medios donde se difunden las agresiones. Si, por el contrario, niega el derecho a la réplica, estará violando preceptos establecidos en la Constitución y en la Ley de Comunicación. Les ha inmovilizado con sus propios hilos.

Atrapados en esta aporía, lo que han hecho el canal estatal y la Senacom es eludir el problema alegando que no produce el programa el uno y que la Senacom tiene una naturaleza diferente a la de un medio de comunicación, la otra. Parece insinuar que la sabatina está exenta del cumplimiento de la ley, específicamente del respeto al derecho a la réplica. Puede huir hacia adelante, pero no podrá evitar una decisión o incumplir su deber.

Una cucharada de su propia sopa igualmente para las cadenas en las que unos locutores anónimos desmienten, aclaran o rectifican informaciones difundidas, pero se permiten calificativos despectivos y difamatorios en contra de periodistas, políticos, comentaristas o expertos. No rebaten los argumentos sino que desacreditan a sus autores de manera sistemática. La aporía en que se encuentran los medios públicos y las cadenas, acaso tenga origen en la idea de que el Estado y sus instituciones tienen la verdad y los ciudadanos deben someterse a sus dogmas, que las leyes están para proteger a los funcionarios y no para proteger a los ciudadanos.