Marcelo Ortiz

Se abren las puertas festivas

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 9

Cuando se acercan la celebración navideña; los hogares tienen varias posibilidades para que los miembros familiares puedan agruparse en torno al clásico árbol, convertido en símbolo de obsequios, siempre que éstos no coloquen en un primer plano a sus valores monetarios. Así debe ser la actitud individual para que sean los afectos y sonrisas, quienes conduzcan a los abrazos fraternos, complementando a los regalos materiales, que sin ser imprescindibles, han hecho costumbre social. En España, son los días de la primera semana de enero para visitarse intercambiando cajitas de sorpresas en su interior; en cambio, en nuestro país sigue practicándose en los días navideños, y en casi todos los hogares se representa el nacimiento de Jesús con sus padres María y José, en austero pesebre, al cual acudirían días o semanas después, los nominados como Reyes Magos venidos de tierras de Oriente.

Para celebrar año tras año estos hechos históricos que dieron origen al establecimiento de la religión católica, en la sede principal del Vaticano en Roma, se aglutinan por millares de feligreses en la Plaza de San Pedro, y con las bendiciones del Papa Francisco celebran este hecho religioso máximo, que trascienden para todos los ausentes en cualquier lugar del mundo occidental católico. Podríamos afirmar, que todos los presentes estarán con aureolas que cada persona ha ido formando en el decurso de la vida, siendo por eso tan personales, y en todos los casos invisibles, porque son fuentes de placer intransferible al abrir espacios de fe y hasta de gloria.

En nuestro medio ecuatoriano, cuyo pueblo en su extensión mayoritaria ha sido incorporado a la religión católica, desde su nacimiento, y luego en rituales como la primera comunión, y a pesar de que la presencia física sea minoritaria en misas dominicales y otros actos, es una realidad que en su fuero interno sea esta la religión que domina. Por estas tradiciones de vigencia, desde el descubrimiento de América por Cristóbal Colón a mediados del siglo XVI con auspicio de la Reina Isabel-La Católica de España, ha sido la única religión cuyas sedes físicas son los millares de iglesias en América Latina, conventos y establecimientos educativos de todos los niveles, que incluyen universidades católicas.

Los elementos descritos nos conducen a determinar que, en el fondo, estas festividades de Navidad y Año Nuevo, están impregnadas de rituales religiosos católicos, y de otras religiones menores que se han desprendido de esa matriz, y son conocidas como “protestantes”.

En definitiva, a través de estos actos religiosos, se juntan familias, a veces personas de la vecindad, y amigos para invocar el nacimiento de Jesús; pedir sus bendiciones y la protección de sus vidas. Habrá también personas neutrales, o a-religiosas que, respeten estos actos de fe cristiana.