Marco Arauz

La mejor noticia del año

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El 2014 será recordado, cómo no, por el agravamiento de las confrontaciones fanáticas y su expresión más delirante: el terrorismo que utiliza el poder de la comunicación masiva visual para atemorizar y aleccionar al enemigo y al mundo. Es también el año en que el fanatismo extremista en Europa creció al mismo ritmo que el número de personas que murieron intentando emigrar hacia los países del llamado Primer Mundo.

En las cuentas del año, con toda seguridad, también entrará el cambio económico paradigmático producido por la explotación del petróleo y el gas de esquisto en Estados Unidos, que puso entre los perdedores a los países cuyos gobiernos han basado su poderío político en el precio alto de esos recursos no renovables.

Rusia es uno de los afectados, con serias consecuencias para su liderazgo mundial, pero en el entorno regional es también notorio el efecto en Brasil y Venezuela, en donde la corrupción y la mala administración contribuyeron a empeorar las cosas.

Pero no dejará de ser una de las noticias más importantes del 2014 el anuncio de Estados Unidos y Cuba de reanudar unas relaciones congeladas por más de cinco décadas. Considerada infructuosa por Barack Obama con toda razón, la política estadounidense de bloquear económicamente a la isla sirvió de parapeto para montar y mantener un sistema político que se las ingenió para prolongarse mucho más allá de la caída del Muro de Berlín y en plena globalización.

Ahora la mayor inquietud de los más radicales opositores a la decisión histórica es si el clan Castro aprovechará la coyuntura para montar una nueva tramoya política y tomar nuevos aires, una vez que se complica la ayuda de Venezuela, como antes sucedió con la de la ex-URSS. Esa posición supone que en la propia Cuba no se han desarrollado lentos pero progresivos cambios a partir de la presión social e individual.

Por eso, los más optimistas piensan que era la condición que faltaba para que por fin se recuperen los derechos humanos y las libertades colectivas e individuales, conculcadas en nombre de una revolución que supuestamente dio salud, educación y valores morales a sus seguidores forzosos, pero que los condenó a vivir en lo que Yoani Sánchez define como la jaula del totalitarismo.

Si bien varios gobiernos reivindicarán como su triunfo el cambio de una política caduca y simplona de los EE.UU., debieran estar preocupados porque esta segunda caída del Muro pudiera terminar de una vez por todas con un modelo político erigido como ejemplo a seguir.

Hay varias condiciones que aún deben cumplirse para que un modelo dictatorial como el cubano termine de desmontarse, pero si se dan con una activa participación continental, se convertirán en una muy buena razón para que quienes aman la libertad por sobre la belleza de las jaulas meticulosamente construidas, reaviven sus esperanzas al recordar el 2014.