Milagros Aguirre

Coartadas

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24 de May de 2012 00:01

Ecuador rinde exámenes en materia de derechos humanos. Seguramente tendrá, a pesar algunos deslices, sobre todo con la prensa, buenas calificaciones en casi todos los temas. Pero hay un tema del que apenas hablan los informes sobre DD.HH. y que, cuando la cosa se pone caliente, el Estado muestra avances en el papel para evitar malas calificaciones: el tema de los llamados pueblos indígenas aislados, sin contacto o mejor, ocultados.

Ecuador tiene, en esta materia, mala nota y algunos llamados de atención de la CIDH y del Foro Permanente de Asuntos Indígenas de la ONU, en Washington, donde, ahora mismo, una delegación waorani ha reclamado por las continuas intromisiones e irrespetos cometidos en su territorio. Sin embargo, ante estos reclamos el Estado tiene buenas coartadas para defenderse. Una de ellas es la famosa iniciativa Yasuní-ITT con la que sigue promocionando su preocupación por la protección de estos pueblos, aunque sus casas y chacras estén más bien lejanas a ese bloque petrolero. Otra, la Zona Intangible, aunque los últimos encuentros violentos y muertes horrendas se hayan dado, justo, fuera de ella.

Cuando este tema se pone en el tapete, se vuelve a escuchar la voz de Alejandro Labaka, esa voz de los que no tienen voz, de aquellos que siguen siendo ignorados por la sociedad nacional, de aquellos que nos empeñamos en ocultar: los pueblos tagaeri-taromenani. Los 25 años de la muerte – o de su gesta heroica – de Alejandro Labaka e Inés Arango, que empezaron a celebrarse en un simposio académico que concluye hoy, son pretexto para mostrar que los avances en esa materia más parecen, retrocesos.

En estos 25 años hemos avanzado en papel, en retórica y en una serie de documentos que se supone sirven para protegerlos. Hemos avanzado en leyes que no se cumplen. En enunciados de buena voluntad. En un documento de políticas que no se ejecutan, en unos códigos de conducta para las empresas petroleras que se ignoran y en unos protocolos de actuación en caso de encuentros fortuitos, que aún no se conocen.

Lo que sí ha avanzado es la frontera petrolera mermando continuamente los territorios indígenas. Lo que sí ha avanzado es la frontera agrícola descontrolada venida de una ocupación voraz e imparable. Ha avanzado también la repartición de jugosos dineros petroleros proveniente de tierras indígenas.

Hoy, esa voz de quien tuvo que interponer su cuerpo para demostrar la existencia de estos pueblos, se vuelve indispensable para demostrar el sistemático atropello. El dio, desde los años setenta, las alertas. No lo escucharon. Entregó su vida. Lástima que hayamos avanzado tan poco en el terreno y tanto en crear coartadas.