Miguel Rivadeneira

La cárcel que se merecen

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Ex presidentes populistas del siglo XXI, que conculcaron y violentaron derechos ciudadanos, destruyeron la institucionalidad, taparon y han sido vinculados en tanto acto de corrupción, que festinaron recursos del Estado y que engañaron a la gente con tanta mentira, hoy con cinismo se dicen perseguidos, pero será de su conciencia que les dice que su destino merecido es la cárcel.

En Brasil, 12 años de cárcel, con una justicia que dictara cátedra con fallos sustentados y debatidos, con argumentos que sientan jurisprudencia. La diferencia de la mala experiencia nacional: infraestructura mejorada pero politizada e influida por el poder y la metida de mano del autoritario, que no tuvo vergüenza al decir y hacer eso. En Argentina, están abiertos docenas de juicios contra la familia y colaboradores que gobernaran más de 10 años y que tuvieran tanta corrupción.

En Ecuador, 10 años del correismo nefasto. No solo que destruyeron la economía sino que atropellaron procedimientos para endeudarle al país sin precedentes. Con falacias como aquella insólita de que con decretos podían irse sobre la Constitución y códigos para maquillar la deuda y aparentar que no rebasaba el límite del 40 %. Sus autores tienen que responder penalmente, a la cabeza el arbitrario. La Constitución señala que serán imprescriptibles las acciones por adquisición y manejo de deuda pública.

Lo que más preocupa hoy son los actos violentos en la frontera norte. El depredador de la década, permisivo con la narcoguerrilla y defensor de que no eran terroristas, destruyó la institucionalidad en seguridad y defensa. El problema fronterizo no solo es militar sino del Estado en su conjunto, de desarrollo social, de presencia permanente. Si bien la Ley de Seguridad necesitaba ser actualizada, se destruyeron como organismos superiores (art. 10) el Consejo de Seguridad Nacional y el Comando Conjunto de FF.AA. Con la nueva ley se creó el Ministerio Coordinador de Seguridad (hoy eliminado) cuya primera misión, preparar el Plan Nacional de Seguridad Integral. ¿Qué pasó?

El arbitrario jugó con el país y pasó a controlar como le dio la gana el sistema de inteligencia, vital para la defensa de la soberanía y la integridad territorial, hoy seriamente afectadas por grupos narcoterroristas. Se llegó a tal audacia que el discurso politiquero fue que FF.AA. formen parte de la revolución ciudadana, como sucediera en la Venezuela destruida por la ruin demagogia. Sacó a los gringos con un plazo de horas para que abandonen el país por la tara ideológica y dogmática que tenía. Hoy por la experiencia de EE.UU. se apela a su ayuda. ¡Cuánto tiempo perdido! Por todo esto, se torna fundamental el acuerdo nacional por la unidad y la paz y no más impunidad con los culpables, que no solo deben ir a la cárcel sino devolver los recursos.

mrivadeneira@elcomercio.org