Lolo Echeverría Echeverría

La calle y las redes

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La sabiduría popular resume en una frase complejas situaciones y evade con humor escenarios muy comprometidos.

De este tipo es el chiste: “Papá no quiero ir a Europa. ¡Cállate y sigue nadando¡”. Algo parecido ocurre ahora con el partido de Gobierno. No está convencido del camino pero debe seguir andando.

Las redes sociales se han activado con frases, chistes, comparaciones, memes, caricaturas que describen perplejidad, insatisfacción y fastidio.

El discurso oficial no es transparente. Se dice que la crisis ha sido controlada pero, al mismo tiempo, se elimina el aporte estatal para las pensiones de los jubilados y se toma el control de fondos de ahorro privados.

El discurso oficial insiste en que cuenta con suficientes recursos pero envía a la Asamblea dos proyectos confiscatorios: el de Impuesto a las Herencia y el de Impuesto a la Plusvalía, para que aprueben en un plazo de 30 días.

La publicidad oficial habla del cambio de la matriz productiva y la necesidad de impulsar el aparato empresarial privado pero, al mismo tiempo, castiga a la empresa con restricciones y con nuevos impuestos. La supresión en la segunda tabla, a última hora, en el proyecto de Impuesto a la Herencia solo ilustra el grado de improvisación.

Este nebuloso discurso oficial contrasta con la transparencia, casi ingenuidad, que está de moda en la política internacional. En México, Pedro Kumamoto, un joven de 25 años, ha ganado fácilmente un puesto en el Congreso desafiando a los partidos políticos. “No queríamos que ‘Kuma’ apareciera como un mesías”, dice la coordinadora de comunicación. “Los diputados son sinónimo de extravagancia, de vanidad, de dinero mal habido, de corrupción”, señala Kumamoto y promete transparencia, buenas ideas, contundencia técnica en la política.
En España, el movimiento Ciudadanos, recién nacido, se ha enfrentado con los viejos partidos aquejados por las corrupción y jóvenes partidos contaminados de populismo; ahora se ven obligados a negociar los programas de gobierno, despedir a los corruptos y adoptar una democracia fácil de entender para lograr mayorías.

Ante la incapacidad de la política tradicional para resolver los problemas y la crisis que muestra sus orejas, aparecen nuevas formas de protesta y nuevos recursos para presionar al gobierno.
Ante la disciplina monolítica, sumisa, del partido de gobierno, aparece la espontaneidad, el humor, el deseo de participación en las calles y en las redes sociales. Allí no hay partidos ni organizaciones; hay mezcla, consenso y pluralismo.

Mientras el quinto poder se deteriora, calla y se somete; el poder ciudadano cobra vida, reclama, cuestiona, propone y atormenta al poder organizado.

Los políticos alérgicos a la fiscalización y amantes de la disciplina y la lealtad, se muestran nerviosos ante la creciente espontaneidad de los ciudadanos en las calles y en las redes sociales.

lecheverria@elcomercio.org