Benjamín Rosales

Avatares en la Academia

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29 de mayo de 2014 23:08

Cuando hace dieciséis años entré a la Academia Nacional de Historia como Miembro Correspondiente, me sentí muy honrado. Esa centenaria institución integra a personas que han investigado y publicado temas relacionados con el pasado del país. Desde sus inicios, han sido miembros no solo historiadores, sino también arqueólogos, como monseñor González y Jacinto Jijón, antropólogos y otros científicos que han contribuido a entender el entorno y la historia nacional.

Bajo la buena dirección y empeño de don Manuel de Guzmán Polanco, la ANH se fortaleció. En 2002 fui elegido director del Capítulo Guayaquil, que se estableció con más de diez colegas de la ciudad porteña. Luego integré el grupo de los treinta Miembros de Número. Los estatutos de la institución, así como los de academias científicas internacionales, no consideran expulsión de miembros, quienes generalmente lo son hasta su muerte.

Desafortunadamente, la Academia ha entrado en una inmensa crisis, a la que me refiero solo porque esta es de dominio público. Hubo una controvertida elección de Director en una sesión a la que no asistí. Las versiones de los dos grupos en disputa concuerdan que ocho miembros salieron de la reunión antes de terminado el proceso, protestando ante procedimientos aplicados. Previamente a esta había fracasado el intento de conformación de una lista única que equilibre diferencias políticas existentes. Con la esperanza de que Jorge Núñez, a quien considero amigo, dirija la ANH con armonía y acción fecunda, envié mi voto a su favor. Nunca me imaginé que esto pudiera contribuir a que se armara un espectacular cisma.

El nuevo director, ante la crítica y rechazo de eminentes académicos al proceso de elección, reaccionó con la suspensión… definitiva de todos ellos, algo que no existe en los estatutos. Ningún afán de conciliación, tolerancia, o respeto a la opinión de quienes creemos que este era un castigo desmedido, arbitrario e inusitado, por parte de él.

Hace un mes asistí a una Asamblea de la ANH y me sorprendió que el acta de una reunión anterior, a la que no asistí y en la que se eligió al resto del Directorio, estableciera el quórum con mi nombre. Reclamé y se me dijo que yo había contestado una consulta electrónica sobre un tema que se iba a considerar. ¿Eso implica mi presencia en esa Asamblea? Luego de que se discutieran posibles cambios estatutarios, en esa reunión se nombraría nuevos numerarios para suplantar a los expulsados. Ante esa acción antiestatutaria, argüí en contrario, sin éxito, y salí de la sesión.

Evidentemente, es la hora de la discordia, arbitrariedad y totalitarismo de la ANH. ¡Qué pena que intereses políticos personalistas afecten gravemente a la otrora prestigiosa institución!