Santiago Estrella

‘No son tan brillantes como parecen’

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Atrás quedaron los días de una Asamblea que no repetía las prácticas de la partidocracia. Ya no hay cenicerazos (uno puede sospechar que se debe al antitabaquismo reinante y no por una ética política) ni peleas, ni insultos, ni agresiones. Pero los dimes y diretes entre Marcela Aguiñaga, de Alianza País, su excoideario Ángel Vilema y Fanny Uribe, una exaliada del oficialismo por ser parte de Avanza, dejan un mal sabor de boca a cualquiera que haya visto esa escena. Y algo parecido ocurrió ayer, cuando oficialistas y opositores se dijeron de todo y usaron la bandera como respaldo a la Selección y como símbolo de dignidad ante el ‘golpismo’.

Pero este en realidad no es el problema, sino ese silencio cómplice que existe en Alianza País y la convivencia con lo inmoral que solo se conoce cuando se enojan. ¿Por qué justo ahora Aguiñaga acusa a Vilema de ser un operador de los consorcios turísticos y a Uribe de formar parte de la explotación ilegal de pepinos de mar? ¿Por qué justo ahora Vilema
y Uribe acusan a Aguiñaga de tener un apellido vinculado al trámite de visas ilegales?

¿Todo eso lo supieron de la noche a la mañana o era algo que conocían desde antes? La respuesta parece obvia. Pero exige otra pregunta: si lo sabían y lo aceptaron, ¿quiere decir que cualquier cosa se permite?

Y si todo está permitido porque son Gobierno y todo lo que haga el Gobierno está bien, entonces estamos ante un problema realmente serio, que explica el porqué nunca corrigen pese al descontento social. Es como si temieran más a la idea de la derrota que a cualquier conspiración que ven en todas partes.

En 1977, el expresidente de Estados Unidos Richard Nixon dijo una de las frases más deplorables de cualquier político, en la entrevista a David Frost, luego de haber renunciado por la corrupción en el caso Watergate: “Lo que quiero decir es que cuando un presidente lo hace, no es ilegal”.

Por eso, el exagente del FBI ‘Garganta Profunda’ les dijo a los periodistas que cubrían el caso: “No creas en el mito de la Casa Blanca. No son tan brillantes como parecen”.