Dimitri Barreto P.

30-S, el día en que se puso en vilo al país

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Rafael Correa es el presidente de los ecuatorianos, de todos, y en ocho años no se lo ha visto plantarse frente a una protesta de los yasunidos o de la Conaie o de los trabajadores o de las mujeres. Y menos abrirse la camisa y desafiar: "Si quieren matar al Presidente, aquí está. Mátenlo".

Sí. Es lo coherente. Él es un hombre valiente y puede tener el convencimiento de que su proyecto ha cambiado al país para mejor, pero, aún si no, ningún cuerpo de seguridad expondría a un Presidente ante una situación de crisis, como una manifestación.

Vulnerar la vida de un Jefe de Estado es arriesgar la seguridad de todos y atentar contra la democracia. Un cuerpo de seguridad presidencial lo sabe. Y por eso los países invierten recursos en cuidar a sus mandatarios. De igual forma, se sabe, un enfrentamiento con policías implica violencia. Solo hay que recordar los toletazos, los cascos de caballo y el arrastre a empellones de ciudadanos, como Manuela Picq. O rememorar la balacera en la que terminó aquel 30 de septiembre del 2010 (30-S).

Sí. Correa es el comandante en jefe de los agentes armados del Estado, policías y militares, y ha de recordarles, como intentó hacerlo ese día, su subordinación al poder civil. Pero, ¿dónde estaban los anillos de seguridad aquel 30-S para evitar una exposición en una protesta en el Regimiento Quito? ¿Dónde el criterio coherente de seguridad nacional? Los hechos de ese día fueron repudiables, de luto. Hay insubordinados y agitadores libres, es verdad (aquí, condenar a Fidel Araujo resulta inverosímil). Mas, la escalada de violencia en apenas horas y la situación de vilo en la que el Estado puso aquel día al país siguen impunes.

¿Quién mató a Froilán Jiménez durante la salida de Correa del Hospital de la Policía? ¿Y a Darwin Panchi y a Edwin Calderón y a Jacinto Cortez? Determinar, 5 años después, si hubo plagio, golpe o no, incluso a expensas de peritos venezolanos, pero, sobre todo, establecer si hubo militares y policías que atentaron contra la vida, no se logrará con propaganda ni con un dislate de la oposición, sino con un sistema de justicia independiente.