24 de mayo de 2016 00:00

El camino hacia La Libertad sortea baches y problemas

La avenida De los Libertadores, que conecta el sur con el Templo de la Patria, registra problemas en su asfalto. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO

La avenida De los Libertadores, que conecta el sur con el Templo de la Patria, registra problemas en su asfalto. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO

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Valeria Heredia

Los baches, la falta de aceras, el alcantarillado y los escombros son algunos de los problemas que se registran en el barrio La Libertad. Este sector emblemático acoge al Templo de la Patria, que se construyó como homenaje al enfrentamiento de las tropas independentistas y realistas, para conseguir la independencia.

Hoy se cumplen 194 años de la Batalla de Pichincha y la ayuda a este sector turístico está pendiente. Se realizaron algunas obras en estos meses.

Rosa Pilataxi vive hace 10 años en este barrio alto del centro de la urbe (3 100 metros sobre el nivel del mar). Construyó su casa a pocos metros de este museo y abrió una tienda. Lo hizo para ayudar en los gastos de la casa. Además, arrendó otro local para que se instalara la parada de las dos líneas de transporte que llegaron hace una década a este sector centro-occidental.

Pilataxi relató que la situación en el barrio es compleja, ya que carecen de un servicio básico: el alcantarillado. Ella lo considera uno de los problemas centrales que tiene esta localidad, porque los desperdicios de otras casas desembocan en una “acometida”, que sale directamente a la puerta de su casa.

“No se puede vivir con tranquilidad porque hay malos olores producto de los desperdicios que bajan de otras viviendas; incluso puede haber taponamiento de las cunetas”, contó Pilataxi.

La moradora, además, recomendó que se hagan los trámites inmediatamente para que se pueda vivir mejor y atender a los turistas que llegan a la Cima de Libertad.

Los turistas nacionales y extranjeros acuden a este sitio para adentrarse en la historia independentista. Murales, restos de la vestimenta del Mariscal Antonio José de Sucre, del Libertador Simón Bolívar y del soldado desconocido, armas, uniformes y más son parte de los objetos que se puede apreciar en el museo ‘in situ’.

Los fines de semana ingresan 700 personas aproximadamente. En días ordinarios, la entrada depende de los estudiantes de las instituciones educativas, extranjeros y demás, según datos proporcionados por Verónica Naranjo, guía del museo Templo de la Patria. El ingreso es bajo reserva y gratuito.

La afluencia de personas a este espacio es lo que hace que Rosa Pilataxi recomiende la intervención inmediata en el barrio. “Los turistas llegan para disfrutar de la historia de la ciudad, pero se decepcionan porque el barrio no está atendido. Necesitamos una intervención inmediata”, señaló.

Las canaletas de desagüe de la avenida De los Libertadores lucen en mal estado e invadidas por vegetación. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO

Las canaletas de desagüe de la avenida De los Libertadores lucen en mal estado e invadidas por vegetación. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO


Otro de los problemas es el estado de la calzada y la agilidad del servicio de transporte público. Hay dos vías que conducen a La Libertad. Una de estas se llama Los Libertadores; y la otra es la ruta hacia Cruz Loma. Ambas lucen desatendidas. Los baches son el principal problema. Se agregan a este paisaje las cunetas y la falta de aceras para que los moradores y visitantes paseen con tranquilidad y disfruten de una vista panorámica de la capital.

Wilson Toca, quien reside hace 40 años en el sector, rea­liza una serie de peripecias para subir hacia su casa. “La vía está en mal estado. Lo único positivo es que está señalizada”, expresó. A esto se suma que los buses se demoran en su recorrido habitual.

En este sector hay dos cooperativas que cubren la ruta La Libertad-Bellavista. Según Toca, el recorrido dura una hora y 15 minutos en horas pico, producto de la alta congestión. “Se deberían mejorar las rutas en estos barrios para llegar a tiempo”, fue su pedido.

Los pobladores de los barrios aledaños al museo de la Cima también tienen complicaciones. Cristina Quishpe tiene un local de comida hace un año, a unos 20 metros del ingreso principal al templo, y vive en el sector conocido como Atacazo. Quishpe aseguró que pese a que es un sitio frecuentado por los viajeros no ha sido atendido por las autoridades. Mencionó que, por ejemplo, en su barrio no hay servicio de agua potable.

“Tenemos agua entubada y pagamos a los dirigentes por la provisión del líquido en nuestro barrio; necesitamos agua potable urgentemente”, dijo.

El año anterior, la Administración Zonal Centro Manuela Sáenz gestionó obras para la mejora del barrio. Una de estas fue el arreglo de las gradas y el pasamano de la calle O’Leary, desde la Unidad de Policía Comunitaria (UPC) de La Colmena hasta la calle Poaló. El presupuesto total para esta obra fue de USD 31 000.

Otra obra fue el arreglo de la calle Aguarico. Se adoquinó esta vía y se construyeron veredas para que los peatones circulasen con tranquilidad. También se realizó la restauración de la casa barrial de Bermeo, el antiguo retén de la Cestaris y Letamendi, la recuperación del parque de la Punaes y Macuma y del parque Rodrigo Paz. Estos trabajos suman USD 128 300. Se prevén otras obras para el barrio, en los próximos meses.

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