16 de April de 2011 00:00

Marihuana

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El narcotráfico es una de las principales causas de la expansión de la inseguridad, de la violencia, de la corrupción de ciertos fiscales, jueces, policías, políticos y de otros altos funcionarios públicos, así como del crecimiento de las mafias y del sicariato.

Este fenómeno no es nuevo. Ya en los años 1920 en Estados Unidos la prohibición de la producción y consumo del alcohol disparó el tráfico ilegal, el crimen organizado y las fortunas mal habidas. Los mafiosos reinaron. Uno de ellos, el famoso Al Capone. Sin duda una de las medidas para frenar esta carrera al abismo fue derogar la prohibición y normar la elaboración y comercialización de las bebidas “espirituosas”.

Tal parece que esta experiencia histórica es recuperada por varios líderes como el ex presidente del Brasil Fernando Henrique Cardoso, para esbozar una nueva estrategia de combate al narco negocio. Dice enfáticamente - en un artículo publicado por la Revista Vanguardia- que “la guerra contra las drogas es una guerra perdida” y que ha llegado “el momento para abandonar el enfoque punitivo y emprender en una nueva serie de políticas que esté basada en la salud pública, los derechos humanos y el sentido común”.

Señala que el enfoque prohibitivo ha modificado los carteles y el cultivo de un país a otro. La prohibición aumenta la rentabilidad del comercio y el poder de los mafiosos. El tráfico ilícito continuará mientras exista la demanda.

Entonces -para el ex Presidente- el objetivo de la nueva política será la de reducir el consumo. A los consumidores no hay que tratarlos como criminales que hay que encarcelar sino como pacientes que hay que atender. Se debe emprende en políticas de prevención, educación y salud pública antes que en represión de los consumidores. Las medidas punitivas tienen que cargarse sobre el crimen organizado.

Cuenta que Suiza y Portugal han despenalizado la posesión de drogas para uso personal (particularmente de la marihuana). “En lugar de generar una explosión de consumo, como muchos temían, el número de personas que buscan tratamiento se ha incrementado y el consumo de drogas ha caído”. Argumenta, por otra parte, que la importante reducción del consumo del tabaco en las últimas décadas muestra la eficacia de las campañas de prevención y educación masivas. “Se quitó su lado glamoroso al tabaco y se gravó y reguló; no se ha prohibido su uso”.

Ciertamente es un tema desafiante y complejo el planteado por Cardoso, pero cargado de argumentos y de sabiduría histórica sobre una ruta para la solución estructural de la violencia y de la corrupción.

La despenalización hubiera sido una buena pregunta para la consulta popular, no lo son las planteadas que topan la epidermis de la violencia y que más bien hacen pensar en aspiraciones de concentración de poder.

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