18 de marzo de 2016 00:00

La maestría no es suficiente para conseguir un empleo

Santiago Jerez tiene una maestría y no puede conseguir trabajo. Foto: Paúl Rivas / EL COMERCIO

Santiago Jerez tiene una maestría y no puede conseguir trabajo. Fotos: Paúl Rivas / EL COMERCIO

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Diego Bravo

Llevan meses en la búsqueda de trabajo. En sus hojas de vida resaltan sus títulos obtenidos en centros de posgrado. Otros, en cambio, tuvieron la oportunidad de cursar estudios en el extranjero. Pese a ello y a su experiencia, les es difícil conseguir un empleo.

El auditor Santiago Jerez busca trabajo desde diciembre del 2015. Entonces fue separado de una compañía automotriz en la que ocupaba una jefatura. Tiene 35 años.

Terminó una maestría en Tributación en la Universidad Andina Simón Bolívar (UASB). Ha presentado su hoja de vida en varias empresas.

Cuando se decidió por la maestría, su meta era mejorar sus condiciones salariales. No ha sido posible. “Ahora, en las empresas se prefiere el ahorro antes que la formación. Por eso se contrata a jóvenes sin experiencia”, sostiene.

Él invirtió USD 6 000 en una maestría y todavía no ha recuperado la inversión realizada en sus estudios. Para sobrevivir y mantener su hogar, labora bajo prestación de servicios ocasionales.

Su esposa vive una situación aún más compleja. Adriana Velásquez, de 37 años, no consigue ningún trabajo, pese a contar con una maestría en Habilidades Directivas obtenida en el Instituto Euro Tecnológico de España. Actualmente estudia otra de Gerencia en Sistemas en la Espe.

La tasa de desempleo abierto en los sectores urbanos en el grupo de 25 a 34 años de edad, rango en el cual, en su mayoría, se obtienen los títulos de tercer nivel y en ciertos casos de cuarto nivel en el país, pasó de 4,42% a 5,02% en los últimos nueve años, según el Instituto Ecuatoriano de Estadística y Censos (INEC). Hasta fines del 2015 sumaron 233 854 personas.

Este es el segundo grupo con más desempleados del total registrado. Tras ellos están los de 35 a 44 años.

En la Universidad Andina, especializada en ese tipo de formación académica, la edad promedio de sus alumnos de postgrado hombres es de 38 años, mientras que el de las mujeres es 36 años.

Gabriel Rovayo es catedrático y experto en temas de educación superior. Asegura que las maestrías no son una garantía para conseguir empleo. La razón: también existen otras competencias como liderazgo, actitud y profesionalismo que son tomadas en cuenta al contratar personal.

“Un masterado ayuda a que se pueda crear un emprendimiento. Da fundamentos para apuntalar de mejor manera sus proyectos. Es una opción en tiempos de crisis”.

Velásquez, que en pregrado obtuvo el título de Ingeniera en Sistemas, aún tiene una deuda de USD 6 400 por la maestría en la Espe. Atiende un pequeño negocio para vender dulces que solo le alcanza para cubrir los gastos básicos y no para pagar la deuda del masterado.

Para costearla recurrió a la ayuda de sus familiares. “A mi primera maestría no la aceptaron en la Secretaría Nacional de Educación Superior pese a que la cursé con una beca del ex Instituto Ecuatoriano de Crédito Educativo”.

Hay otros profesionales con problemas similares y de edades que incluso superan los 45 años. Patricio León, por ejemplo, tiene 54 y es ingeniero en Comercio Exterior.

Cuenta con maestrías en Relaciones Internacionales y Docencia Superior. Dice ser discriminado porque en las empresas “se prefiere a los jóvenes” y no se toma en cuenta la experiencia laboral y académica.

Para Andrés Briones, titular de la Asociación de Jóvenes Empresarios del Ecuador, la ventaja que tienen los jóvenes es que manejan de mejor forma las nuevas tecnologías. Ahora hay más requerimientos en el campo tecnológico y los menores de 30 años están al día con las innovaciones.

Patricio León, Sara Serrano y Kléber Mantilla están desempleados.

Patricio León, Sara Serrano y Kléber Mantilla están desempleados.

Ante la falta de recursos económicos, León no descarta viajar al extranjero para trabajar por su familia. Tiene esposa y tres hijas de 28, 14 y 7 años. Él fue despedido luego de trabajar más de 20 años en una universidad particular de Quito. Ocurrió en febrero pasado. Con él también salieron sus compañeros Sara Serrano y Kléber Mantilla, de 47 y 45 años de edad. Ella tiene dos hijas a quienes tiene que mantener y no tiene empleo.

Son catedráticos universitarios con maestrías en Desarrollo y Antropología Cultural Urbana, respectivamente, pero aseguran que el campo de la docencia se encuentra saturado de profesionales.

Desde el 2012, para ser docente universitario es un requisito contar con un título de postgrado. Eso alentó a los profesores y, a quienes querían serlo, a optar por maestrías o doctorados.
En ese año, según Senescyt, se registraron 19 575 títulos de cuarto nivel. Y para el año 2015 se inscribieron 23 807 títulos. Es decir, un 21,6% más.

Patricio Alarcón es presidente de la Cámara de Comercio de Quito (CCQ). Dice que uno de los problemas que afecta a los profesionales mayores de 35 años es que “los jóvenes son más ambiciosos, están dispuestos a laborar más horas. Y, en algunos
casos, tienen menores expectativas salariales”.

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