30 de November de 2009 00:00

Delincuencia atroz

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Enrique Echeverría G.

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Una historieta del humorista Quino refleja lo que está aconteciendo ahora en nuestro Ecuador y, particularmente, en Quito. Se resume en cuadros: en el uno, se lee “Un día tuve miedo de salir de mi ciudad”; en el siguiente, “Luego tuve miedo de salir de mi barrio”; el tercero: “Después tuve miedo de salir de mi casa”; y, en el cuarto: “Ahora tengo miedo de salir de mí”.

La más reciente víctima de la delincuencia fue el doctor José Cornejo Menacho, asesinado en pleno centro de Quito; y este es solo un ejemplo de los muchos casos ocurridos en la antes ciudad franciscana. La mayor desazón de los habitantes es provocada por los ladrones, que vacían las casas, roban los vehículos y privan, hasta a los niños, de sus pertenencias.

Última expresión de la delincuencia violenta y asesina es el llamado secuestro exprés que también se han instalado en Pichincha. Lo ejecutan delincuentes organizados, equipados tanto para el asalto cuanto para la fuga. El retiro de dineros de los cajeros automáticos bancarios se está tornando en práctica mayor; y con desparpajo algún delincuente exhibe grupos completos de tarjetas de crédito que podrían interesar a unos individuos de color que, por su lenguaje, no son de alguna parte del Ecuador, sino probablemente de países extranjeros.

Fue y es desacertado, y peligro cada vez mayor, la medida del Gobierno de abrir las fronteras del país a quienes quieran llegar sin pasaporte ni requisito exigente.

Y en cuanto a la criminalidad de sangre, se torna difícil o imposible concebir que, para despojar de un teléfono celular, asesinen a su poseedor; o alguien que por no disponer de dinero o bienes en ese momento, también le matan. Este hecho, probablemente, responde a drogadicción, pues solamente un individuo bajo ese influjo puede llegar a extremos semejantes.
La Asamblea Constituyente de Montecristi y sus actores políticos emitieron, el 4 de julio del año pasado, una Resolución que dice: “Indúltese a toda persona que estuviere sentenciada a pena privativa de libertad por los delitos de tráfico ilícito, transporte, tenencia (hasta de 2 kilos) y posesión ilícitas de sustancias estupefacientes y psicotrópicas” bajo ciertas condiciones que, cumplidas, determinaron el egreso de centenares de presos.

¿Es razonable creer que algunos de ellos, también consumidores, cometen los asaltos en estado de drogadicción? 

La sociedad  vive una época de angustia. En varios lugares se producen manifestaciones contra la inseguridad, realidad que -por desgracia- un intelectual miembro del Gobierno  calificó de simple “percepción”. Sería interesante que, entre los requisitos para ser legislador, conste que el candidato o un miembro de su familia haya sido víctima de delito para que esté en capacidad de evaluar el hecho no solo teóricamente.

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