29 de noviembre de 2020 00:00

Tasas de interés negativas son la nueva normalidad

Las políticas de estímulos aplicadas por los bancos centrales para reactivar la economía han llevado a cobrar comisiones por los ahorros

Las políticas de estímulos aplicadas por los bancos centrales para reactivar la economía han llevado a cobrar comisiones por los ahorros

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César A. Sosa Macroeditor (O)

La semana pasada, por primera vez, China emitió bonos de deuda con tasas de interés negativas, es decir, el inversionista que compró esos bonos, en lugar de recibir un rendimiento, tuvo una penalización.

Esa emisión se hizo en euros y China recaudó 4 000 millones, el equivalente a unos 4 750 millones de dólares. El vencimiento de los bonos tiene tres partes. La primera, a cinco años plazo, fue por 750 millones y tuvo una tasa de -0,15%, según el portal Nikkei Asia.

El gigante asiático ha sido el último en aprovechar el mar de liquidez de los mercados globales, los bajos tipos de interés a nivel mundial y los buenos datos de crecimiento económico que está registrando. Los inversores quieren deuda china y están dispuestos a pagar por estar posicionados en esos bonos, que son considerados como un activo de refugio en tiempos de turbulencia, según el portal El Economista.

Un escenario de rendimientos negativos solo era imaginable en un contexto extremo: en una guerra o bajo una situación en donde sea muy peligroso tener dinero en efectivo, según Ernesto González, vicepresidente de Productos Estructurados del BBVA.

Aunque la crisis derivada por la pandemia pudiera parecerse a una guerra -por la pérdida de vidas humanas y los devastadores efectos económicos y sociales-, las tasas de interés negativas ya venían registrándose desde antes de la pandemia. Y fue la respuesta del Banco Central Europeo y los bancos centrales de Dinamarca, Japón, Suecia y Suiza para reactivar sus economías tras la crisis del 2008.

Desde el 2014, los bancos centrales de aquellas economías pusieron en marcha varias medidas de política monetaria para incentivar la producción y el consumo, además de proteger el tipo de cambio. Una de las medidas que aplicaron fue reducir las tasas de interés, para que el crédito se abarate, las empresas reduzcan sus costos financieros y las personas opten por consumir en lugar de ahorrar.

La teoría económica señala que mientras más alta sea la tasa de interés, el incentivo para ahorrar es mayor. En cambio, para los empresarios que acuden al banco a pedir un crédito, esa tasa resulta un freno.

Las tasas de interés negativas ya se habían generalizado tras dos años de su implementación. En junio del 2016, el 41% de los bonos soberanos de países desarrollados cobraba intereses a sus inversionistas, más de 15 trillones de dólares pagaban tasas por debajo de cero y el 97% de la deuda del gobierno suizo cotizaba a tasas negativas, señaló Ernesto González, vicepresidente de Productos Estructurados en BBVA.

¿Qué incita a los inversionistas a depositar sus recursos en instrumentos con retornos negativos? Aunque pareciera un comportamiento irracional, los especuladores que invierten en estos bonos lo hacen porque creen que las tasas aún podrían bajar más y podrían vender dichos instrumentos a un precio mayor en el corto plazo”, añadió González.

No hay que olvidar que en aquella época había un escenario de un bajo crecimiento a nivel global, los precios de materias primas estaban a la baja, los niveles de inflación tendían a cero (incluso deflación) y las tasas de interés de los bancos centrales también estaban demasiado bajas. El Brexit y Donald Trump como presidente electo en Estados Unidos ponían más nubarrones.
La pandemia terminó por complicar todo y los principales bancos centrales del mundo anunciaron que aplicarán todas las medidas a su alcance.

Y lo hicieron. Llevaron las tasas de interés a terreno negativo y empezaron a cobrar a los bancos comerciales por guardar su excedente de efectivo, con el fin de que ellos prefieran prestar sus fondos para reactivar la débil reactivación de sus economías.

Es probable que en términos globales estas tasas de interés sumamente bajas hayan contribuido un poco a estimular la actividad económica, aunque los efectos colaterales y los riesgos aún no están claros, según Vikram Haksar y Emanuel A. Kopp, funcionarios del FMI.

Ellos temen que las tasas negativas impacten en la rentabilidad de los bancos, que son los encargados de canalizar el ahorro hacia las inversiones rentables. Sus ingresos por intermediación financiera pueden caer con tasas negativas, ya que los bancos a veces optan por no traspasárselas a los depositantes por temor a que estos decidan retirar los fondos.

Pero eso no ha ocurrido, por ejemplo, en Alemania, donde una cuarta parte de los bancos y cajas de ahorro aplican tasas de interés negativas a sus clientes. El portal financiero Biallo, que realizó un estudio en 1 300 bancos y cajas de ahorros, encontró este mes que “más de 300 instituciones financieras cobran intereses negativos a algunos de sus clientes”, aunque prefieren llamarla “tasa de custodia”, señaló el fundador de Biallo, Horst Biallo. “La ​​ola de tasas de interés negativas está creciendo. Casi 30 bancos y cajas de ahorros han introducido la denominada tasa de custodia solo desde principios de octubre pasado”.

Este fenómeno es generalizado. El banco holandés ING anunció que cobrará 10 euros desde abril del 2021 a los clientes de la cuenta de ahorro Naranja. En Suiza, el UBS lo hace desde finales del año pasado.

Mientras el mundo esté inundado de liquidez y necesite políticas de reactivación, las tasas de interés negativas serán la nueva normalidad.

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