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Psicología y economía, el puente indispensable

El economista estadounidense Richard Thaler obtuvo el lunes, 9 de octubre del 2017, el Premio Nobel de Economía. Foto: EFE

El economista estadounidense Richard Thaler obtuvo el lunes, 9 de octubre del 2017, el Premio Nobel de Economía. Foto: EFE

El economista estadounidense Richard Thaler obtuvo el lunes, 9 de octubre del 2017, el Premio Nobel de Economía. Foto: EFE

Robert Thaler ha estudiado un campo relativamente nuevo y original en economía: el comportamiento de los agentes y sus determinantes en la toma de decisiones. Muestra que las decisiones de los individuos en el mercado no siempre se ajustan a los supuestos del homus economicus, base de los enfoques radicales que tienen esencialmente un origen de corte neoclásico.

Como se conoce, este enfoque supone la plena racionalidad de los consumidores y asume que eventuales desequilibrios en el funcionamiento de las economías de mercado están sujetos a ajustes automáticos, pues el sistema estaría dotado de mecanismos de auto regulación.

Este académico estudia la toma de decisiones desde otra perspectiva. Los individuos manejarían sus propias “cuentas” para decidir sobre su consumo en campos diversos y los inversionistas debieran sobre reaccionar ante decisiones no esperadas. No siempre las decisiones son las óptimas, por diversas razones: planifican, pero sus acciones pueden alterar esa lógica, pese a que ello implique frustrar la consecución de los objetivos.

Los hacedores de políticas públicas deberán considerar los efectos de las posibles desviaciones con el propósito de neutralizar los efectos de decisiones económicas que tienen fundamentos de orden psicológico, que influyen y pueden sesgar la racionalidad de tales decisiones.

Como ha señalado Robert J. Schiller, Thaler pone el acento en aspectos por lo general descuidados pero que tienen incidencia real en la vida diaria y, finalmente, en la macroeconomía. Muchos economistas han creído que se debe evitar el análisis de la psicología individual y que más bien cabe modelizar el comportamiento humano como la optimización matemática de comportamientos sujetos a usos alternativos.

Merton Miller, por ejemplo, ganador del Nobel de Economía en 1990, señalaba que el objeto, a su juicio, esencial de la teoría es el análisis de las fuerzas de mercado y sus virtudes. Es el mismo caso de Stanley Ross, inesperadamente fallecido en marzo, también candidato al Nobel, y cuyo interés se focalizó en las finanzas.

Thaler describe la inhabilidad de los individuos para controlar sus impulsos. Esto lleva a que el gasto presente no prevea, por ejemplo, casi en general, la formación de reservas para la vejez, lo cual no es racional. Es esta “arquitectura de las decisiones” la que Thaler propone modificar.

Los individuos, con autocontrol, podrían ser capaces de llegar a mejores decisiones. El enfoque supone establecer de forma directa el puente psicología-economía. Antes, su colega y amigo, Daniel Kanehman, obtuvo el Premio Nobel en 2002, por el mismo tipo de aporte.

El día del anuncio del galardón, ante la pregunta de un periodista sobre el destino que daría a la recompensa económica que supone el Nobel, Thaler señaló: ¡“la gastaré de la forma más irracional que pueda”!

En fin, el enfoque pretende aplicarse al análisis de las decisiones de los individuos en las economías de mercado. De hecho, focalizado en el caso de las economías desarrolladas, aunque su aproximación podría ser vista de manera general. En efecto, las decisiones individuales, sea por razones de lógica personal o porque los mercados no funcionan como sugieren los textos clásicos, llevan a adoptar decisiones que finalmente alteran el funcionamiento macroeconómico.

Las malas decisiones pueden deberse, por ejemplo, a que estas se adopten en un contexto de “precios falsos”, pues el sistema no garantiza necesariamente el acceso a la información que se requiere para optimizar la racionalidad. Este fue, por ejemplo, el enfoque de Axel Leijonhufvud, bajo una perspectiva keynesiana, hace ya tiempo.

En el caso de Thaler, la aproximación va en otra dirección. Lo destacable es que, por las razones que sea, las decisiones equivocadas deben corregirse. ¿Esto es posible?

En la racionalidad psicológica en la toma de decisiones de tipo económico intervienen una serie de factores determinantes en la perspectiva de favorecer lo óptimo. La educación es uno de esos factores. Por eso el aporte de Thaler es novedoso.

En economías de mercado, un acrecentado intervencionismo estatal puede afectar la consecución de equilibrios “aceptables” y sucesivos (no existen equilibrios definitivos). El Estado debiera asumir que la regulación debe ser compatible con el fundamento del sistema y no conducir a experimentos contradictorios, sobre todo en contextos de modernidad.

El comportamiento psicológico es sensible. Estudiar sus relacionamientos con la economía parece fundamental. Thaler lo hizo.

*Doctor en Economía

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