24 de noviembre de 2019 16:30

Proyecto Sacha da una segunda oportunidad a la fauna silvestre vulnerable

Desde fines de 2018, Proyecto Sacha ha dado atención a cerca de 400 animales silvestres.  Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Desde fines de 2018, Proyecto Sacha ha dado atención a cerca de 400 animales silvestres. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

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Redacción Guayaquil

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Un corral para bebés da seguridad a Thor. El tigrillo de apenas un mes de edad, víctima de los machetazos que recibió en una zona agrícola de Milagro (Guayas), duerme tranquilo mientras se recupera de los golpes que le causaron dos fracturas en sus patas. “Como es cachorro está sanando más rápido”, dice confiada la veterinaria Romina Richards.

Ella es parte del equipo de Proyecto Sacha, una iniciativa que promueve la conservación de la fauna silvestre desde octubre de 2018. Su directora, Eliana Molineros, decidió establecer este centro de paso y atención en Guayaquil desde que recibió a las primeras especies, afectadas por el tráfico ilegal, atropellamientos en carreteras, maltrato

Durante ese tiempo han dado atención a más de 400 animales. Y solo en este año han llegado 15 tigrillos (Leopardus pardalis), entre ellos Thor y Ernesto. Este último no resistió las severas quemaduras que sufrió durante una quema de caña, también en Milagro. Después de siete días de lucha murió.

Proyecto Sacha de paso depende de donaciones. Los cachorros suelen necesitar fórmulas importadas. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Proyecto Sacha de paso depende de donaciones. Los cachorros suelen necesitar fórmulas importadas. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

“La expansión de las ciudades es algo que no se detiene. Es inevitable pero hay que hacerlo de forma sustentable y amigable con el ambiente”, dice Richards mientras recorre el espacio donde han recreado un hogar temporal para aves, mamíferos, marsupiales y reptiles.

En cada jaula tratan de simular el hábitat de cada especie con troncos y hojarasca. Es una técnica para evitar que olviden de dónde vienen y así facilitar su proceso de liberación cuando estén listos para regresar.

Batman y Robin, como han bautizado a dos crías de ocelote, se escabullen entre las hojas secas y las ramas que cubren su espacio. Fueron abandonados por su madre en una zona agrícola de Yaguachi, quizá porque fue ahuyentada por personas cuando salió de caza o porque el ruido de algún tipo de maquinaria la aturdió.

Fueron amamantados con biberones a su llegada y luego pasaron por una especie de entrenamiento para despertar su instinto de caza. Por su evolución, los hermanos son candidatos a regresar a su hábitat.

Las especies son trasladadas a Proyecto Sacha a través Ministerio del Ambiente y de la Unidad de Protección del Medio Ambiente de la Policía Nacional. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Las especies son trasladadas a Proyecto Sacha a través Ministerio del Ambiente y de la Unidad de Protección del Medio Ambiente de la Policía Nacional. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

“Debemos ser conscientes de que están siendo desplazados animales que ayudan a mantener un equilibrio en el ecosistema. Si se extermina a un cazador, como en el caso de los tigrillos, las presas, que pueden ser ratas, se convertirán en plagas”, explica Richards.

Los bosques albergan a más del 80% de todas las especies terrestres de animales, plantas e insectos del planeta. Pero cada año desaparecen 13 millones de hectáreas. Así lo refleja el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 15, impulsado por las Naciones Unidas para proteger la vida de los ecosistemas terrestres.

El crecimiento de urbanizaciones en zonas antes cubiertas por bosque es un problema en Ecuador, particularmente en Guayas. De estas ciudadelas han llegado a Proyecto Sacha reptiles atropellados, mamíferos silvestres abandonados por sus madres o búhos pigmeos que hacen sus nidos en los aires acondicionados.

Pero el avance de los cultivos y la urbanización son solo una parte de las amenazas. El tráfico y la tenencia ilegal se suman a los riesgos.

El artículo 247 del Código Orgánico Integral Penal (COIP) sanciona los delitos contra la flora y fauna silvestre en Ecuador. Desde agosto de 2014 hasta agosto de 2019, la Fiscalía General del Estado registró 504 denuncias de este tipo, con mayor incidencia en Galápagos (97), Guayas (48), Sucumbíos (40), Manabí (37) y Orellana (36). De ese total, 74 casos están en etapa de juicio.

Cuando cae la tarde en el centro de paso de Proyecto Sacha, las aves rescatadas emiten todo tipo de trinos. Así anuncian que es tiempo de volver a casa ha llegado, aunque por ahora están aferradas a una jaula mientras mejoran.

Un plumaje blanco, que a lo lejos luce como espuma, cubre el cuerpo de dos loras amazónicas. Por largo tiempo estuvieron en cautiverio, bajo encierro en espacios muy limitados. Esa condición de estrés las llevó a arrancarse las plumas; ahora, difícilmente, volverán a crecer.

“Muchas aves llegan por decomisos debido al tráfico ilegal. Hemos recibido loras de cabeza azul, viviñas, pericos australianos y loras de cabeza roja, que están en peligro de extinción”, dice Richards.

Para denunciar estos casos la especialista explica que se puede llamar al ECU 911, que luego dirige la información al Ministerio del Ambiente o la Unidad de Protección del Medio Ambiente de la Policía Nacional. Este es uno de los consejos que dan en las charlas para promover la conservación, en especial a las empresas donantes que envían a su personal para contemplar de cerca el impacto de las acciones humanas.

Algunos de los rescatados nunca volverán a su hábitat. Su dependencia de las personas los ha condenado al encierro en centros de tenencia autorizados, que cada vez están más saturados.

Lupe, una oso hormiguero, está esperando un cupo. Hace casi un año fue atropellada en una carretera e ingresó al Proyecto Sacha por fracturas en sus patas delanteras. Aquí los veterinarios le colocaron placas metálicas y ha vuelto a escalar por su amplia jaula. Pero el apego a sus cuidadores se ha vuelto una desventaja.

La historia se repite con Sammy, un mono capuchino que por años fue la mascota de una familia. Con solo ver a un visitante se postra mostrando el vientre, como si esperara una caricia.

A su llegada, todos los especímenes pasan por rigurosos chequeos para descartar enfermedades infecciosas. Para su alimentación, el proyecto depende de donaciones y así poder adquirir frutas, fórmulas importadas de leche y mantener el bioterio donde crían pequeños roedores y aves para los carnívoros. También necesitan fondos para la compra de medicinas y jaulas especiales.

Solo en este 2019 han llegado casi 200 animales. Su nombre está inspirado en un tigrillo, como Thor. El primer rescatado fue Sacha y pudo regresar a casa.

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