21 de diciembre de 2019 16:12

La Navidad reúne a 80 emprendedores en La Floresta, centro norte de Quito

En la feria Navidad de La Floresta de este 21 de diciembre del 2019, participan alrededor de 80 emprendedores y artesanos. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

En la feria Navidad de La Floresta de este 21 de diciembre del 2019, participan alrededor de 80 emprendedores y artesanos. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

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Paola Gavilanes

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Para lucir un detalle hecho a mano en Navidad o para sorprender el paladar de los visitantes durante la cena del 24 de diciembre es necesario recorrer las diferentes ferias de la ciudad en busca de productos y complementos diferentes, de esos que carecen los centro comerciales tradicionales.

Una de esas se llama Navidad de La Floresta, en donde desde este 21 de diciembre del 2019 participan alrededor de 80 emprendedores y artesanos.

30 de ellos llegaron a la quinta edición como invitados, portando maletas de gran tamaño con variedad de productos: desde prendas de vestir y calzado hasta alimentos naturales libres de químicos. Sobre unas mesas rectangulares colocaron mermeladas, ají, frutos secos, frutas deshidratadas, súper foods –quinua, chocho, amaranto- y más.

La feria Navidad de La Floresta arrancó este sábado 21 de diciembre del 2019, a las 10:00 y se extenderá hasta las 20:00 de este domingo. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

La feria Navidad de La Floresta arrancó este sábado 21 de diciembre del 2019, a las 10:00 y se extenderá hasta las 20:00 de este domingo. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

Los invitados se reunieron en las instalaciones del Instituto Superior de Cine y Actuación (Incine). El resto de emprendedores y artesanos se ubicaron en las calles que rodean al barrio La Floresta. En la Mallorca y Guipúzcoa esquina, por ejemplo, está De Soles y Lunas, de Cecilia García. Ella vive en el sector desde hace más de dos décadas y desde hace cinco participa en las tres ferias que se realizan en el barrio cada año.

Una de esas, precisamente, es la Navidad en La Floresta, donde aprovecha para exhibir sus pequeñas hadas, duendes y brujas hechas con porcelana fría, alambre, papal y semillas. Junto a ella se encuentran su hija y tres nietos, que además venden ropa, bisutería hecha también a mano y galletas. De la venta de estas golosinas –contienen chispas de chocolate- se encarga, principalmente, Luca Porras, de 12 años.

Él prepara las galletas utilizando harina, agua, azúcar, chocolate y un par de ingredientes secretos más. Las preparó el viernes, previo al inicio de la feria, que arrancó hoy, a las 10:00, y que se extenderá hasta las 20:00 de mañana, y en donde se espera la presencia de 4 000 visitantes, un número similar al del año pasado.

El paquete de cuatro galletas cuesta USD 2,50, mientras que los muñecos de Cecilia, su abuela, van desde los USD 10. El costo depende del tamaño y complejidad, y de la cantidad de material que se utilice. También cuentan los complementos extras que solicite el cliente.

El encuentro navideño, cuenta John Córdova, miembro del Comité de ferias de La Floresta, se realiza para promover el trabajo de los artesanos residentes en el sector, pero también para crear un lazo sentimental entre los visitantes y el barrio. También para incentivar prácticas como la alimentación saludable, pues muchos de los emprendedores trabajan durante todo el año en la creación de productos orgánicos y libres de químicos para ofrecerlos a los visitantes a precios más convenientes, pues trabajan sin intermediarios.

Córdova, por ejemplo, es diseñador de modas y confecciona zapatos con la marca Moshi Boots. Hoy, por ejemplo, alrededor de las 11:00, se movía de un lado para otro mostrando sus creaciones a los visitantes; es una época para aprovechar.

Se trata de diseños únicos en tonos llamativos como el naranja, verde y amarillo, o en colores neutros como el blanco y negro. Para realizar esta feria los organizadores trabajan con dos meses de anticipación, al igual que los emprendedores que se inscriben para activar las creaciones locales, hechas a mano.

En esa lista está Liliana Rúales, representante de Bonsái Cana. Ella comercializa réplicas de esas miniaturas elaboradas por personas privadas de libertad. Los precios también varían, al igual que los diseños. Todos son minuciosamente elaborados por un grupo de hombres que a través de esas creaciones mantienen a sus familias. Los elaboran con alambre de cobre, papel y piedra. Les dan ‘vida’ con colores alegres. “A través de esas obras, estas personas dejan volar su imaginación, se sienten libres. Son elaboradas con mucho cuidado”.

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