5 de enero de 2020 00:00

La memoria ecuatoriana tendrá nueva casa

Tres pabellones y la capilla del antiguo Hospital Eugenio Espejo, en Quito, serán la nueva sede de la Biblioteca Nacional Eugenio Espejo. Se planifica la mudanza. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO

Tres pabellones y la capilla del antiguo Hospital Eugenio Espejo, en Quito, serán la nueva sede de la Biblioteca Nacional Eugenio Espejo. Se planifica la mudanza. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO

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Ana Guerrero
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Las bibliotecas son uno de los pilares de la circu­lación del conocimiento y de la preservación de la memoria. Aun con el desarrollo de las tecnologías, en palabras del creador de ‘Crónicas del Breve Reino’, Santiago Páez, “todo el conocimiento que se generó durante cientos de años está en ellas”.

En Ecuador, una de esas matrices del saber es la Biblioteca Nacional Eugenio Espejo, que desde este año tendrá una nueva sede en el antiguo hospital del mismo nombre, en Quito. Cartas de Luis de Saa a Manuelita Sáenz, telegramas a Eloy Alfaro, una Biblia de 1882, una colección de libros de la orden Jesuita, mapas y más de un millón de tesoros son parte de esta, creada en 1791.

Antes de la mudanza de la biblioteca -que en principio fue dirigida por el propio Eugenio Espejo- los tres pabellones de la antigua casa de salud destinados a la memoria pasarán por una revisión, como de la resistencia del piso para la colocación de los libros. Estaba previsto que el proceso en el predio patrimonial empiece desde este mes.

Hasta tanto, los tesoros de la Biblioteca Nacional y del país continúan en la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Llegaron hasta el establecimiento del centro norte de Quito entrados los 80. Se integraron a la colección de la Biblioteca Pública de la institución, en el edificio denominado de los Espejos.

Como parte del peregrinaje de la biblioteca por Quito, entre sus casas se cuentan el edificio de la antigua Universidad Santo Tomás, el desaparecido Coliseum (San Blas) y el del Banco Central del Ecuador. En su historia también se contempla que en 1896, a través de la Ley de Instrucción Pública, se establece que las imprentas debían entregar un ejemplar de las publicaciones a la Biblioteca Nacional.

Se encuentra conformada por nueve colecciones: Jesuita, Ecuatoriano Republicano I y II, Especiales, Mapoteca, Hemeroteca, Tifloteca y Audiovisuales. Se suma el Fondo Documental-Digital. El Ministerio de Patrimonio y Cultura da cuenta de que el primer grupo cuenta con 1 328 752 ejemplares y el segundo, con 19 607.

El Jesuita es el fondo bibliográfico más antiguo (1480-1790), integrado por
9 095 ejemplares que datan del siglo XV al XVIII. En la Casa de la Cultura, esta colección se encuentra resguardada por dos puertas de metal. La primera tiene un espesor de unos 20 centímetros y la segunda, se conforma por seis barrotes.

La seguridad es rigurosa, pero el acceso a los investigadores está permitido. Uno de sus custodios alude a que el espacio era conocido como ‘el museo del libro’. En el sitio, además de la colección Jesuita, hay títulos al portador con la distinción: ‘Consejo Supremo Provisional-Deuda de la Revolución Ecuatoriana’.

El acceso requiere algunos cuidados, como el uso de guantes a la hora de revisar los textos más antiguos, muchos conformados por pergaminos y con cubiertas incluso de madera. Algunos, pese a los cuidados, lucen deteriorados por el paso del tiempo.

Los libros están distribuidos en estantes que se desplazan cuando se gira una manilla. Para que la consulta sea más ágil, en la actual sede de la biblioteca se puede examinar una base digital de datos con títulos que incluyen literatura, ciencias, religión, entre otras materias.

Esas piezas históricas emprenderán un nuevo viaje este año. La mudanza será posible luego de que el 4 de diciembre, el alcalde de Quito, Jorge Yunda, y el ministro de Cultura y Patrimonio, Juan Fernando Velasco, firmaran un convenio para que la Biblioteca funcione, los próximos 20 años, con la alternativa de renovación, en el Centro de Convenciones. Aún no se anuncia la fecha exacta del traslado.

Hasta diciembre, en tres de los cinco pabellones de la construcción que alojará la memoria del país, aún se realizaban eventos. En los dos restantes funcionan la Biblioteca y el Museo de Medicina.

En el Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP) se dio a conocer que el edificio del antiguo Hospital Eugenio Espejo se levantó entre 1901 y 1930. Este abrió sus puertas a la comunidad en 1933.

En 1992, el predio en cuyo patio se erige la escultura de Eugenio Espejo quedó sin uso. En la madrugada del 5 de enero del 2004, las llamas envolvieron el bloque central, conformado por una estructura principalmente integrada por madera, carrizo y adobe.

Tras el abandono y el fuego, a finales del 2004 el edificio fue intervenido y las obras se extendieron por cuatro años. El monto de la reparación ascendió a unos USD 9 millones.

La edificación histórica de la capital-que incluye un gran salón de 232 metros cuadrados, así como un patio central de 500 m² y una capilla-, es representativa de la arquitectura monumental y corresponde al estilo neoclásico y ecléctico.

La futura casa de la Biblioteca Nacional, en la que más de un médico consolidó su carrera, cuenta además con un auditorio con un aforo de unas 100 personas, así como 60 plazas de estacionamiento.

En esos rincones patrimoniales, el Ministerio detalló que habrá áreas administrativas y técnicas y espacios adicionales, depósitos para material hemerográfico, bibliográfico y documental. No se quedarán fuera las salas de lectura y gestión cultural, programación de actividades vinculadas con la comunidad. Se sumarán salas de Internet.

Una vez en la nueva casa, la Eugenio Espejo deberá seguir su misión: preservar la memoria ecuatoriana, con obras de autores de distintos campos. Como apunta Páez, si se dejan de impulsar las bibliotecas “nos quedamos sin pasado”.

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