25 de septiembre de 2020 18:36

La mascarilla, ¿un  'puente' hacia la vacuna?

Una mujer que usa una mascarilla como medida preventiva contra el coronavirus covid-19 mira una película en un parque junto al río Yangtze en Wuhan, en la provincia central de Hubei, en China, el 25 de septiembre de 2020. Foto: AFP

Una mujer que usa una mascarilla como medida preventiva contra el coronavirus covid-19 mira una película en un parque junto al río Yangtze en Wuhan, en la provincia central de Hubei, en China, el 25 de septiembre de 2020. Foto: AFP

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Agencia AFP

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Además de disminuir el riesgo de contagiarse con el covid-19, la mascarilla podría atenuar la gravedad de la enfermedad en caso de infección y aumentar la inmunidad de la población a la espera de una vacuna, según una tesis científica todavía sujeta a evaluación.

“Creemos que las mascarillas pueden ser una especie de 'puente' hacia una vacuna”, explica la doctora Monica Gandhi, especialista en enfermedades infecciosas en la Universidad de California, en San Francisco.

Gandhi expuso su teoría en un artículo publicado el 8 de septiembre en la revista médica estadounidense New England Journal of Medicine (NEJM) .

Su hipótesis es la siguiente: una persona que se contagia con el covid-19 llevando mascarilla es menos susceptible de caer gravemente enferma que otra con el rostro descubierto puesto que absorbe una menor cantidad de virus.

“Iniciamos varios estudios para verificar esta tesis, estudiando por ejemplo si la obligación de la mascarilla en algunas ciudades del mundo reduce la gravedad de la enfermedad”, explica Gandhi.

Así, si se comprobara que la mascarilla “aumenta el porcentaje de infecciones asintomáticas”, su porte generalizado permitiría elevar teóricamente “la inmunidad” de la población y lograr por tanto “un control intermedio de la epidemia a la espera de una vacuna”, prosigue.

“Razón de más para llevar la mascarilla”, dice el doctor George Rutherford, que confirmó el artículo.

“Variolización” 

Ambos investigadores trazan un paralelismo con la variolización, una técnica rudimentaria empleada en el siglo XVIII, antes de la aparición de las vacunas. Se trataba de exponer a una persona sana a una pequeña cantidad de virus de la viruela, con la esperanza de que segregara anticuerpos y por tanto, se inmunizara.

La publicación del artículo en el NEJM suscitó una miríada de reacciones.

“Es solo una teoría, pero hay muchos argumentos en su favor”, asegura Bruno Hoen, director de investigación médica en el Instituto Pasteur de París.

“Debemos ver la mascarilla con otros ojos”, agrega este especialista.

Este tipo de protección fue juzgado inútil por las autoridades sanitarias en las primeras semanas de la epidemia del covid-19 -cuando había una fuerte carencia en muchos países -y después se recomendó sobre todo para proteger a los demás.

“Es una teoría interesante basada en una hipótesis razonable”, coincide Archie Clements, epidemiólogo de la Universidad Curtin de Australia.

“Soy bastante escéptica”, tuiteó en cambio Angela Rasmussen, viróloga de la Universidad de Columbia de Nueva York. “Es una idea interesante pero hay demasiadas incógnitas”.

En primer lugar, según Rasmussen, por ahora no es seguro que una dosis menor de virus reduzca la gravedad de la enfermedad que se sufre, tampoco se sabe hasta qué punto la mascarilla reduce esta dosis, y en cuanto a la inmunidad, todavía se desconoce si es efectiva y/o duradera.

“Actualmente, ningún dato prueba que la mascarilla atenúe la gravedad o que garantice una protección mediante una variolización”, indica esta viróloga.

Hámsters y cruceros 

Pero demostrar un supuesto vínculo entre la dosis y la gravedad solo puede hacerse comparando situaciones ya existentes - y por tanto con un nivel de prueba relativo - y no mediante un estudio científico específico. Y es que desde un punto de vista ético, “no podemos exponer deliberadamente a personas al virus” , según Gandhi.

Sin embargo, esta investigadora se basó en varios trabajos para apoyar su teoría, como uno realizado con hámsters en Hong Kong.

El experimento se basó en simular el porte de una mascarilla, colocándola entre dos jaulas que separaban unos hámsters sanos de otros infectados.

Concluyó que con mascarilla, los roedores eran menos susceptibles de infectarse con el covid-19 y que incluso contagiados, sus síntomas eran más leves.

Gandhi también comparó la situación en varios barcos de crucero afectados por la epidemia.

En uno de ellos, un navío argentino, donde el porte de la mascarilla era sistemático, “la proporción de enfermos asintomáticos fue de 81%”, frente a “40%” en otros navíos en los que esta práctica no se había generalizado, argumenta.

Gandhi recuerda no obstante que la mascarilla no es una panacea: “Debe ir a la par con el distanciamiento físico, la higiene de manos y otras medidas de salud pública. No debemos bajar la guardia”.

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