29 de diciembre de 2019 00:00

¿La inteligencia artificial rebasará al ser humano?

Sophia, la robot humanoide desarrollada por Hanson Robotics, fue presentada en el año 2015. Está diseñada para adaptarse al comportamiento de los seres humanos. Foto: AFP

Sophia, la robot humanoide desarrollada por Hanson Robotics, fue presentada en el año 2015. Está diseñada para adaptarse al comportamiento de los seres humanos. Foto: AFP

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Carla Sandoval

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La década presenció un importante desarrollo de la inteligencia artificial, pero todavía está en debate si servirá para mejorar las condiciones de vida de la humanidad o si abrirá más brechas 

Transformadora y con alcances que tal vez aún no se llegan a imaginar: así es la inteligencia artificial (IA). Sistemas algorítmicos impactan ya a diario en la vida de las personas y deciden qué ven o escuchan, las ofertas laborales que reciben e incluso posibles sentencias por delitos.

En un mundo hiperconectado, los dispositivos conocen cada vez más a quienes los utilizan. Un parlante puede distinguir quién le da una orden, y una cámara de seguridad identificar a una persona. La IA permite que los dispositivos aprendan y se ajusten.

Resoluciones como la de una contratación basada en algoritmos podrían dejar atrás sesgos por raza, género, sexo u orientación sexual. Sin embargo, la creación de máquinas que piensan plantea una serie de cuestiones éticas.

Niklas Boström
, filósofo de la Universidad de Oxford, dice que la IA debe ser transparente, incorruptible, desarrollada con responsabilidad y de forma que pueda ser examinada para establecer responsabilidades en caso de fallas.

Aeropuertos, bancos, empresas, escuelas, puntos de seguridad fronteriza, se ayudan de reconocimiento facial, una de las formas más populares de IA. Pero resultados inexactos de los sistemas despiertan dudas sobre su despegue.

El Instituto Nacional de Estándares y Tecnología del Gobierno de EE.UU. encontró altas tasas de fallas en reconocimiento facial para asiáticos y afroestadounidenses, además de asignaciones incorrectas de género en mujeres afro. Esto enciende las alertas sobre falsos positivos que podrían desen­cadenar en el encarcelamiento de personas inocentes.

Toda tecnología es perfectible, y si bien las disparidades pueden ser corregidas, vale cuestionar si la tecnología está lo suficientemente desarrollada como para un despliegue tan amplio como el que tiene.

Esta década vio nacer a los asistentes inteligentes. Su fin es ayudar a las personas a ejecutar tareas. Pero se ha advertido que escuchan a sus propietarios aún cuando estos no estén hablando con ellos, lo que se ha interpretado como una invasión a la privacidad.

Hasta hace unos años EE.UU. lideraba el desarrollo de la IA, pero China ha presentado avances que la convierten en potencia tecnológica. Esto hace temer sobre una competencia entre naciones con una tensión política de fondo.

La colaboración internacional ha hecho que la IA sea lo que actualmente es y si sus avances más importantes aún están por venir, las naciones deberán seguir cooperando entre ellas y no restringir hardware, software o recursos con miras de ganar esta carrera.

Hace 69 años, el matemático Alan Turing se preguntó: ¿pueden pensar las máquinas? Un test que lleva su nombre es la prueba de fuego de la IA. Su fin es separar a los humanos de las máquinas con una conversación escrita. En el 2014 Eugene Gosstman se convirtió en el primero en aprobarlo.

Eugene, un ‘chatbot’ desarrollado por programadores rusos y ucranianos, ‘engañó’ a más del 30% de las personas con las que interactuó, convenciéndolas de que era un ser humano, no una máquina.

Este ‘bot’, que simula ser un ucraniano de 13 años, superó por 15 años la estimación que había hecho Raymond Kurzweil, defensor del transhumanismo y director de ingeniería de Google, sobre cuándo una máquina pasaría el test. Pero tras su hazaña, sus creadores fueron acusados de usar la personalidad de Eugene para distraer, lo que puso en duda la validez de la prueba.

En el 2015 llegó la robot humanoide Sophia, que permitió ver el alcance del desarrollo de la IA, que aún está en fases tempranas. Su aspecto realista y capacidad de mantener una conversación la llevaron a portadas de revistas y a obtener una nacionalidad otorgada por Arabia Saudita en el 2017.

“Está bien, destruiré a los humanos”, bromeó Sophia en el 2016. Sus palabras reflejan los miedos de los alcances que podría tener el desarrollo de computadoras que igualen o superen a las personas.

Elon Musk
, inventor y cofundador de PayPal, Tesla, Neuralink, entre otros, trabaja en una interfaz que permita conectar el cerebro humano a computadoras. Pero desde el 2013 no ha dejado de advertir de los peligros de la IA. El futurista asegura que podría ser más peligrosa que las bombas nucleares. Por ello, solicita vigilancia y regulaciones de parte de las autoridades para su desarrollo.

El creador de Facebook, Mark Zuckerberg, dice que la visión de Musk es catastrófica. Él defiende que la IA puede utilizarse para construir un mundo mejor y afirma que, a lo largo de la próxima década, aportará mejoras a la calidad de vida de las personas.

Contrario a su optimismo, otros advierten de los peligros. Bill Gates, el fundador de Microsoft, dijo que la IA es tanto prometedora como de peligrosa. Adelantó que si bien sus mayores impactos aún están a décadas de distancia, las sociedades deben prepararse.

Antes de morir, Stephen Hawking previno que esta tecnología podría significar el fin de la humanidad. El físico, que lograba comunicarse gracias a una forma primitiva de IA, temía las consecuencias de la creación de algo que iguale o sobrepase a la raza humana.

Los beneficios son innegables, pero quedan abiertas cuestiones que siguen en debate. El vertiginoso desarrollo de la inteligencia artificial abre el camino a dudas sobre el uso de la información, la privacidad y el impacto que tendría su implementación en lo que podría ser un nuevo desplazamiento de los humanos en el ámbito profesional.

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