20 de febrero de 2020 08:53

Los entierros ecológicos ganan popularidad en Ecuador

Las urnas biodegradables no ocasionan impactos negativos sobre el ambiente. Foto: cortesía Diego Vega

Las urnas biodegradables no ocasionan impactos negativos sobre el ambiente. Foto: cortesía Diego Vega

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Isabel Alarcón
Redactora (I)
ialarcon@elcomercio.com

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Los funerales o entierros ecológicos son una forma de contribuir al cuidado del planeta aún después de la muerte. Urnas biodegradables, ataúdes fabricados con madera sostenible o incineraciones solares son algunas de las prácticas que están tomando fuerza alrededor del mundo para sustituir a las tradicionales.

Los féretros que son producto de la deforestación ilegal, los metales que están presentes en las urnas comunes y los químicos que se emplean en el proceso son potenciales fuentes de contaminación. Para llevar una vida y muerte responsables con el ambiente, existen más opciones ‘eco friendly’.

Los entierros ecológicos han aumentado su popularidad en países europeos como Alemania y España. En estos han surgido iniciativas como ataúdes fabricados con madera proveniente de talas responsables o urnas de sal que se disuelven rápidamente al tener contacto con la naturaleza.

En el Reino Unido, la empresa Green Endings ofrece envases construidos con caña o cerámica para colocar las cenizas. Otras iniciativas buscan ser más ambiciosas. Este es el caso de la iniciativa italiana Capsula Mundi, que propone colocar los cuerpos en forma fetal, o las cenizas, en cápsulas orgánicas que tienen forma de huevo. El objetivo es enterrarlas y sembrar un árbol sobre estas, con el objetivo de transformar a los cementerios del país en bosques.

La tendencia de estos entierros ecológicos también está presente en Ecuador. Desde hace un año, Verónica Falconí Pérez empezó a ofrecer este servicio en el país mediante el proyecto Life Urns. Esta terapeuta holística cuenta que la idea surgió al ver que sus pacientes que estaban cercanos a la muerte o sus familias no contaban con muchas alternativas para ese momento.

Ahora trabaja con dos modalidades. La primera es la venta de urnas fabricadas con bambú y papel reciclados. No se usan pegamentos ni tóxicos que puedan contaminar al ambiente, dice.

Cuando estas tienen contacto con el agua, el aire o la tierra, empiezan un proceso de degradación. Las urnas flotantes, por ejemplo, se pueden colocar en el océano, ríos o lagunas. Estas se biodegradan en alrededor de tres horas y las cenizas pasan a formar parte del cuerpo de agua elegido, sin generar contaminación.

La segunda opción consiste en “traer a la vida a un ser a través de la pérdida de otro”, cuenta Falconí. El proceso consiste en sembrar un árbol utilizando su semilla, cenizas, un agente neutralizador, tierra negra y piedra pómez.

La especie de planta se elige de acuerdo con la personalidad de quien falleció. En este caso se ofrecen 20 opciones, ­dependiendo del sitio elegido para la siembra. Puede ser un jardín, una maceta o un camposanto.

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