16 de febrero de 2020 00:55

Corea del Sur de la ola a tsunami cultural

Parásitos La película dirigida por Bong Joon-ho ganó varios Oscar y la Palma de Oro, en el Festival de Cannes.

Parásitos La película dirigida por Bong Joon-ho ganó varios Oscar y la Palma de Oro, en el Festival de Cannes.

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Gabriel Flores
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En la metrópoli de un país desarrollado hay dos familias: una pobre y una rica. Todos los días, los miembros de la familia pobre hacen gala de su ingenio para no caer en el abismo de la miseria, mientras que los integrantes de la familia rica disfrutan de las comodidades que les proporciona su prosperidad económica. En teoría sus vidas nunca tendrían por qué cruzarse pero lo hacen y es ahí cuando el poder, el odio, el amor y la muerte, los cuatro temas esenciales de la historia de la humanidad, según el escritor estadounidense William Faulkner, salen a flote y lo trastocan todo.

Estas dos familias son las protagonistas de ‘Parásitos’, la cinta dirigida por el su coreano Bong Joon-ho que, el domingo pasado, ganó el Oscar a Mejor película, a Mejor película extranjera, a Mejor guión original y a Mejor director. El cierre de ensueño para un filme que comenzó acumulando reconocimientos en el Festival de Cine de Cannes, cuando ganó la Palma de Oro.

Más allá de los premios, hay que decirlo sin empacho, la película de Bong Joon-ho entra en el mundo de lo sublime, esa categoría que Immanuel Kant utilizó para designar aquello que supera a la belleza y que al mismo tiempo agita y mueve el espíritu.

El surcoreano se desprende de las pretensiones intelectuales de otros directores de la época para regalarnos una cinta en la que en la superficie nos habla de la brecha, cada vez más alarmante, que hay entre ricos y pobres, y en las profundidades de los deseos y temores más cotidianos de la condición humana.

Lo hace además de forma lúdica, a través de un juego dicotómico, estético y narrativo, en el cual constantemente se recalca la idea de un arriba y un abajo, de alguien superior frente a alguien inferior, y de la sospecha de que siempre habrá cosas que podemos ver a la luz del día e incluso registrar con nuestros teléfonos celulares y otras que siempre se van a esconder de nuestra vista o nuestro entendimiento, cosas que siempre nos serán ajenas.

En ‘Parásitos’, Bong Joon-ho también teje una historia en la que el humor negro juega con el suspenso, el drama, los momentos escatológicos y otros de pura ternura.

Una historia con la que ha logrado subirse en la cresta de la ola de la revolución cultural de Corea del Sur, que comenzó a finales de los años noventa en la industria de la música y que ahora alcanza el audiovisual, la literatura, el mundo del arte y el de la academia.

Cuenta la historia que la ola cultural coreana más conocida como Hayllu comenzó en los años noventa, con un impulso gubernamental. En 1999, el presidente de Corea del Sur, Kim Dae-jung, creó una ley para la promoción de las industrias culturales, en la que se destina al menos 1% del presupuesto total de la nación, para este sector.

Los primeros en aprovechar ese incentivo fueron los productores de la industria musical, quienes tomaron como bandera al K-pop, un estilo musical coreano que en el 2018, según la Agencia de Contenido Creativo de Corea del Sur, generó USD 4 700 millones.

El referente en la industria es BTS, una banda juvenil integrada por siete chicos que rompen con la estética tradicional masculina de occidente. El grupo, que se formó a inicios de la última década, cuenta entre sus últimos hitos musicales el haber igualado el récord de la legendaria banda The Beatles al colocar ‘Map of the Soul: Persona’, su disco más reciente, como el número 1 de los 200 mejores álbumes en la lista de la Billboard, a tan solo 10 días de su lanzamiento. Otro de los íconos del K-pop es PSY, el autor de Gangnam Style, una canción en la cual lanza una crítica a la clase alta surcoreana y cuyo video superó por primera vez, en el 2013, los 1 000 millones de reproducciones, en YouTube.

La ola coreana también ha globalizado el trabajo de sus artistas contemporáneos; uno de los más famosos es Xooang Choi (Seúl, 1975). Las esculturas de este artista cautivan y repelen con la misma intensidad por una razón: su hiperrealismo. Sus obras, al igual que el trabajo de Bong Joon-ho, dan cuenta de la condición humana en el siglo XXI, entre ellas sus patologías y su aislamiento. Una de sus piezas más famosas es The Wings, una serie de manos que forman una especie de alas, que fueron utilizadas para ilustrar el triunfo electoral de Angela Merkel, en 2009.

A esta ola cultural, que a estas alturas se convirtió en tsunami, se suman nombres como el de Byung-Chul Han, un filósofo que compite en popularidad mediática con autores como Noam Chomsky y Slavoj Žižek; la escritora Han Kang, que en el 2016 ganó el Premio Man Booker Internacional, con ‘La vegetariana’; y el cineasta Park Chan-wook, famoso por su trilogía de la venganza compuesta por ‘Sympathy for Mr. Vengeance’, ‘Oldboy’ y ‘Lady Vengeance’ estrenada en el 2005.

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