5 de abril de 2019 15:45

El cine ecuatoriano está en pañales pero muestra una gran proyección

Foto: EFE

El director Diego Araujo habla de la proyecciones del cine ecuatoriano y del avance del mismo. Foto: EFE

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Agencia EFE

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La proyección del cine ecuatoriano en los últimos años genera optimismo entre los directores e instituciones del país, aunque todavía es muy pronto para hablar de una identidad y un estilo propios, objetivos para los que se requiere mucho mayor apoyo público y privado.

La creación audiovisual en su conjunto se encuentra en la rampa de despegue en el país andino desde la Ley de Cine de 2016, que impulsó la creación del Instituto del Cine y la Creación Audiovisual (ICCA) y estableció una serie de ayudas financieras a la producción.

Ello hizo que proliferaran las creaciones y, según diversas fuentes, durante el 2018 se estrenaran en Ecuador entre 15 y 18 largometrajes y otras 30 pequeñas producciones, de las que un 80% fueron "operas primas".

"Yo crecí viendo un estreno ecuatoriano una vez cada cinco o seis años, y este último tuvimos 18 largometrajes", dijo a Efe el director Diego Araujo.

Con todo, los directores lamentan que la cultura en general en Ecuador se encuentra "completamente infravalorada", tanto desde el sector público y privado como desde la sociedad.

Araujo puso como ejemplo que, durante la campaña electoral para las elecciones locales del pasado 24 de marzo, ninguno de los candidatos a la Alcaldía de Quito tuviera en su programa una sola iniciativa cultural.

"Es súper importante que como sociedad empecemos a entender el valor intangible de la cultura, del arte", afirmó al destacar que la cultura en sus diferentes formas es considerada una forma de crear la identidad de un país.

Coincide con él, el también cineasta Luis Felipe Fernández-Salvador para quien Ecuador se está enfocando en producir cine para "crear trabajo", pero no para "crear país" y "vender una imagen estética", y pese a que la cultura deja también "una huella comercial imperecedera".

En la actualidad, se producen en el mundo unas 30 000 películas al año, lo que significa un estreno cada 20 minutos, destacó el director del Instituto del Cine y la Creación Audiovisual (ICCA) de Ecuador, Jan Vandierendonck.

"Ecuador todavía está en pañales. Los productores y directores (ecuatorianos) están todavía explorando cómo funciona este mundo porque no es simple", explicó el funcionario de nacionalidad belga.

Y matizó que es una "ilusión" pensar que los filmes llegan a festivales internacionales y grandes públicos solo por su "propia calidad", sino que debe haber un "trabajo detrás" de producción y promoción.

Una de las recientes películas ecuatorianas galardonadas es 'Alba', que en 2016 obtuvo una mención especial en el Festival de San Sebastián y ganó uno de los premios de la Fipresci.

Dentro de los esfuerzos de internacionalización, el ICCA está también trabajando para conformar una coalición entre los países de la Comunidad Andina -Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia-, y para firmar un acuerdo de coproducción con Bélgica.

También busca un diálogo con el Gobierno ecuatoriano para que entienda "el potencial de la industria" del cine, aunque la falta de apoyo institucional lastra las posibilidades de los creadores audiovisuales.

Para Araujo y Fernández-Salvador, uno de los principales problemas de la actual Ley de Cine es que no estipula de dónde provendrá la ayuda económica, que en estos momentos depende exclusivamente de la voluntad política del Gobierno de turno.

Y se quejan de que el país "no está mercadeando de manera adecuada" los rodajes extranjeros, a pesar de que "ofrece costos económicos de rodaje" y de que la situación económica nacional no es lo suficientemente buena como para "devolver dinero a productores o inversores extranjeros".

"En cualquier país, cuando hay problemas económicos, la cultura es la primera víctima, no es excepción en Ecuador", puntualizó Vandierendonck.
Tampoco existe un apoyo por parte de la empresa privada, que no se involucra porque da a la creación cultural un valor eminentemente monetario.

Pero si hay una idea en que instituciones y directores están de acuerdo es en la necesidad de educar a la juventud en la profesionalización del cine local, sobre todo porque hace apenas una década la mayoría de cineastas tuvieron que migrar a Cuba, Europa o Estados Unidos para estudiar.

"El futuro del cine ecuatoriano va de la mano de la profesionalización", insistió Araujo, formado en Noruega y EE.UU.

Fernández-Salvador recomienda por tanto que los estudiantes se preparen y trabajen codo con codo "con personas que tienen una visión mundial del cine", e insta a "traer cineastas de renombre" que colaboren con ecuatorianos con el fin de que "globalicen su visión del cine" y produzcan cine ecuatoriano de exportación.

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