5 de abril de 2019 11:46

La brecha entre naturaleza y cultura, contada a través de los felinos

Una joven observa varios de los dibujos pintados en la gruta de Chauvet abierta al público en la exposición 'Leones y hombres, 400 siglos de fascinación' en Francia. Foto: EFE

Una joven observa varios de los dibujos pintados en la gruta de Chauvet abierta al público en la exposición 'Leones y hombres, 400 siglos de fascinación' en Francia. Foto: EFE

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Agencia EFE

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Las representaciones prehistóricas de los felinos, animales sacralizados, deificados y humanizados, dicen mucho de aquellos pueblos en los que no existía la fractura actual de nuestras sociedades entre naturaleza y cultura.

Esta es una de las grandes reflexiones que plantea la exposición 'Leones y hombres, 400 siglos de fascinación', que se abre al público este sábado en el complejo rupestre de Chauvet, en el departamento francés de Ardche (sureste).

La gruta de Chauvet, descubierta en 1994 y declarada 20 años después Patrimonio Mundial de la Unesco, conserva un millar de dibujos de 36 000 años de antigüedad, entre los que hay 14 animales diferentes. Uno de ellos es el león, representado casi 80 veces, algo que no ocurre en el arte rupestre en ninguna otra parte del mundo.

Ese es el punto de arranque de una muestra que reúne 170 piezas en torno a la representación del león y otros felinos en culturas animistas de la prehistoria europea, pero también de Oriente Medio, el antiguo Egipto, la Grecia y la Roma clásicas, Asia, América y África, procedentes de museos y colecciones de toda Europa.

La comisaria, la española María González Menéndez, explica a Efe que "hay una característica que une a estas culturas animistas" con los felinos, a los que "los hombres ven como criaturas divinas por su gran poder en la naturaleza", asociadas a la dominación.

Por eso han sido los reyes y faraones quienes más han querido asociarse a su imagen y quienes en Oriente Medio tenían reservada su caza, como muestra de dominación sobre el mundo salvaje.

Pero algunas escenas de caza de los reyes neoasirios, por ejemplo, no dicen que esas cacerías en realidad se desarrollaban en una especie de parques cerrados donde los leones estaban confinados para facilitar el ejercicio.

También en Egipto el león era un símbolo importante de poder, de fuerza y de majestad, y así queda de manifiesto en algunas de las esculturas expuestas, como una de la diosa Sekhmet.

En América, donde no había leones, su lugar lo ocupan el puma y, sobre todo, el jaguar, que tiene la peculiaridad de ser el único que ataca al hombre por la cabeza, como aparece representado en una cerámica de los chimú, en Perú. Su fiereza también es muy reproducida por los nahua, en México.

Combo fotográfico que muestra alguna de las piezas que forman parte de la exposición "Leones y hombres, 400 siglos de fascinación", que se abre al público este sábado en el complejo rupestre de Chauvet, en el departamento francés de Ardèche (sureste). Las

Combo fotográfico que muestra algunas de las piezas que forman parte de la exposición 'Leones y hombres, 400 siglos de fascinación', en el complejo rupestre de Chauvet. Foo: EFE


La comisaria insiste en que entre los pueblos de la Amazonía con frecuencia al jaguar se le considera un hombre que simplemente ha perdido su humanidad. En los pueblos animistas había una estrecha relación entre el mundo animal y el mundo cultural que representa el hombre.

Por el contrario en la actualidad -subraya González Menéndez- "el hombre ha ganado una posición mucho más elevada sobre la naturaleza" y "esta superioridad" ha creado "una escisión palpable, en la que el hombre tiene un espacio central y va a reinar sobre los animales".

Los leones dibujados en Chauvet -por razones de conservación sólo se puede visitar la réplica de la gruta, inaugurada en 2015 a unos tres kilómetros de la original- son de una especie desaparecida, llamada precisamente de las cavernas, un animal de cerca de 300 kilos en la edad adulta.

Una de las piezas maestras de la exposición es, precisamente, un bebé león de las cavernas de 1,7 kilos que se descubrió en la región rusa de Yakutia, en Siberia, en 2015, después de haberse conservado durante 48 500 años en la tierra congelada (permarfrost) y que ahora tiene que mantenerse al menos a 20 grados bajo cero.

Por las investigaciones realizadas hasta ahora se sabe que murió junto a otra cría que estaba a su lado, con apenas unos días de vida, sin haber comido todavía leche de su madre y probablemente por el derrumbe de la madriguera.

La última parte de la muestra, que permanecerá abierta hasta el 22 de septiembre, está dedicada al riesgo de extinción que sufren los felinos por todo el mundo, una evidencia más de ese alejamiento de la naturaleza respecto al entorno humano.

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