Milton Luna

¡Qué viva la honestidad!

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Miércoles 11 de noviembre 2020

Son contados con los dedos de las manos los medios que resaltan los aspectos positivos de la sociedad. Y es que una buena noticia no es leída, “no vende”, no suscita nada. Por esto se han reforzado, incluso en los noticieros, espacios para la truculencia, muerte, violencia física y psicológica, o simplemente para la mediocridad de la farándula.

Hay páginas enteras en diarios o tiempos extensos en los noticieros estelares de la TV para la crónica roja. Dentro de ellos hay segmentos para el sicariato, narcotráfico, corrupción y asaltos. Se presentan los hechos sin ningún análisis ni contexto.

No interesa entender, explicar ni educar. Interesa vender. Tener más audiencia y anuncios. Sangre, sexo y amarillismo. Incluso televisoras influyentes en los noticieros, segmentos “faranduleros” elevan el maltrato o la burla a los políticos, a funcionarios públicos o a cualquier personaje (que a veces se prestan para tener dos minutos de popularidad) a categoría de un humor zonzo.
El colmo de la grosería elevada a niveles brutales se presenta en las redes sociales, en especial en el twitter. Allí cualquiera, oculto tras el anonimato, dispara veneno y desparrama excremento a manos llenas, especialmente contra los políticos, contra su honra y sus familias. Las redes han reemplazado con creces, al estadio de fútbol, a las barras, como el espacio de desahogo psicológico de las violencias contenidas de un gran segmento de la población.

En medio de esto, el buen ciudadano, educado y formado con sentido de colectividad, solidaridad y servicio, piensa cien veces, en introducirse en el mundo político o en aceptar un cargo público de responsabilidad.

Y el momento en que los decentes se repliegan, el lugar es ocupado por maleantes y oportunistas. Así, en las últimas décadas, aquí y en todo el mundo, más gente venida de la delincuencia o simplemente de esa inmensa masa de arribistas, parásitos, “vivísimos” y mercenarios se infiltran y se toman la política y el poder. Entonces, con estos “sujetos empoderados” se desprestigia más la política, con lo que el amarillismo revienta de alegría reforzando el círculo vicioso que deja sin trincheras para el buen liderazgo. Los partidos, congresos o asambleas nacionales, ministerios, se convierten en cuevas de ambiciosas y ladrones.
Hay que recuperar la política para que la ejerzan los buenos y las buenas ciudadanas. En el Ecuador hay gente honesta, inteligente, con grandes capacidades para liderar los cambios. Uno de ellos se nos acaba de ir. Jorge Rodríguez. Persona honrada y valiente que dedicó su vida a la lucha contra la corrupción.

Pero a estos hombres y mujeres, libres y de buenas costumbres, hay que valorarlos, escucharlos y promoverlos en vida y en la muerte. Jorge, tu ejemplo emana energía para continuar con la lucha por la vigencia de los principios, de honestidad y justicia, en la política y en el país.