Vicente Albornoz Guarderas

Suizos: prácticos y sin complejos

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Domingo 26 de mayo 2019

El domingo pasado, dos de cada tres suizos votaron a favor de endurecer las normas sobre tenencia de armas en su país. Algo que a primera vista parece una simple decisión racional, en realidad tiene varios méritos adicionales.

La consulta popular en cuestión fue una más de las muchas que regularmente hacen los suizos, en las que preguntan desde temas locales hasta decisiones claves sobre impuestos o política exterior; desde enero 2018 han consultado 13 diferentes temas.

Esta consulta preguntó si los ciudadanos estaban de acuerdo con que Suiza implemente las normas de la Unión Europea (UE) sobre la tenencia de armas. Históricamente, los suizos habían tenido normas bastante liberales sobre tenencia de armas, algo relacionado con que muchos soldados suizos guardan sus armas en sus hogares para poder reaccionar más rápidamente a emergencias de defensa.

Pero desde los sangrientos atentados del 2015 en París, la UE ha buscado maneras de limitar la libre tenencia de armas en sus países miembros. Suiza, no pertenece a la UE pero sí es parte del Área de Schengen, un acuerdo que permite la libre movilidad de personas y bienes dentro de la mayoría de países de la UE y de algunos vecinos que no son miembros de la Unión.

Las normas suizas sobre tenencia de armas estaban en clara contradicción con las propuestas europeas y el país se vio en la encrucijada de modificar sus viejas normas o quedar fuera del Área Schengen. Sabiamente eligió endurecer las reglas y quedarse dentro del área de libre movilizad.

Como era de esperarse, hubo voces que argumentaron en contra de este tema, algunos aduciendo que era una imposición, casi “imperialista” de los malvados europeos sobre una característica profundamente suiza, una disposición que iría contra la esencia misma de lo que son los suizos, esencia que, argumentaban ellos, estaba íntimamente ligada con la capacidad de portar armas, incluso semiautomáticas.

Pero los suizos, tan cosmopolitas y libres de complejos como son, se dieron cuenta que, si bien había un cierto “bulling” europeo, la limitación tenía sentido por los nuevos tiempos en los que estamos viviendo, con un terrorismo distinto al que había en el pasado. Obviamente, también deben haber sopesado las ventajas económicas de quedarse dentro de Schengen.

La existencia o inexistencia de presiones europeas fue secundaria en la decisión, lo que primó fue el bienestar del país y nadie sintió que perdió su dignidad al aceptar una idea que venía del extranjero.

¿Si imagina usted qué pasaría si en el Ecuador se sometiera a consulta popular el acuerdo con el FMI? ¿Se imagina el eco que tendrían las voces que apelen a la dignidad nacional y rechacen las políticas sensatas?