Fausto Segovia Baus

¡Salve, Oh Patria!

El Ecuador no se inaugura con un nuevo gobierno. El gobierno de Daniel Noboa Azín tiene una alternativa insoslayable: dar pasos certeros -y saltos prudentes- en 18 meses de gestión, para enmendar los errores del pasado y conquistar nuevas cumbres conpatriotismo.

El tema del patriotismo estudiamos con entusiasmo en las escuelas, pero durante la vida lo enterramos en el olvido, cuando perdimos en el trayecto no solo la noción dePatria, sino la memoria individual y colectiva de pertenecer a un país con historia, cultura, identidad y tradiciones locales y nacionales que, gracias - ¿o desgracia? - a los llamados “puentes”, las fechas cívicas se convirtieron en espectáculos.

Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura, alude a la civilización del espectáculo, donde las raíces de los pueblos quedaron atrás porque corresponden a la cultura del pasado. La razón estriba en que la nueva cultura se considera diversión y frivolidad y alienación, cuestión que no es inocua pues sus estragos se observan en las mentes y actitudes de los ciudadanos.

A la cultura se unen otros espacios en declive como la educación, que glorifica el “minuto cívico” como una herramienta postiza, que no apasiona a los niños y jóvenes, y también el mundo del trabajo, cuando las empresas exhiben en sus paredesla misión y visión institucionales, y olvidan a la Patria y sus valores esenciales.

La política es también el espectáculo mayor, donde los intereses particulares compiten con la Patria, a veces pisoteada por sus progenitores, y solemnizada con las sagradas notas del Himno Nacional. Lo demás es reiterativo en los mensajes de las cadenas, en los informes a la nación -sin autocrítica- que describen el país de las maravillas, mientras el soberano repite: “último día del despotismo y primero de lo mismo”.

De niños cantábamos con unción “Patria, Tierra Sagrada”, ese himno precioso, patrimonio cultural de la ecuatorianidad, que hoy yace en el ostracismo. Los tiempos han cambiado; no cabe duda. Esperemos que“Salve, Oh Patria”, en esta ocasión, no quede en el saludo reverencial, sino en su principal significado: la salvación. ¡Porque la Patria, sin exageración, merece ser salvada por todos!

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