José Ayala Lasso

Política internacional

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Sábado 14 de enero 2012
14 de January de 2012 00:02

Recientes decisiones del gobierno en el campo externo han llevado a la ciudadanía a preguntar si, en la actualidad, existe o no una verdadera política internacional. Ciertamente, la definición de política se presta a equívocos. Aristóteles la definía como la actividad del estado tendiente a la obtención de un fin, que la filosofía escolástica denominó el bien común. Como la política puede aplicarse a un ámbito específico de acción, cabe hablar de política sanitaria, educativa, agraria, internacional. En resumen, es la conducta que observa el poder público para concebir y llevar a cabo un programa de trabajo. Una sana política presupone una planificación adecuada. Para esto se requiere un acertado conocimiento de la realidad, definir claramente los objetivos, seleccionar los métodos y procedimientos para trabajar y un instrumento de acción eficiente y experimentado.

La política internacional no se construye en el vacío. Primeramente, debe basarse en principios, es decir en los valores históricos o tradicionales que dan carácter y personalidad a un país. Una democracia fundada en el reconocimiento de los valores sustantivos de la persona no puede engendrar legítimamente una política que considere al Estado como el valor supremo. Borja, en su Enciclopedia de la Política, nos recuerda que la soberanía reside en el pueblo y no puede ser transferida, por lo que el poder confiado a los gobernantes es limitado. Los líderes mesiánicos que consideran que una elección democrática les autoriza a tomar cualquier decisión son una negación rotunda de la democracia. El ejercicio del poder debe sujetarse y respetar los valores en los que la ciudadanía cree.

Sobre la base de principios, una política internacional debe también ser pragmática. En este, más que en muchos otros campos, los estados defienden y trabajan por sus propios intereses, lo que no debe afectar el carácter ético llamado a presidir todas sus acciones. El irrespeto de estos principios induce a errores tan evidentes como abrir las puertas de un país a los ciudadanos del mundo, afectando la propia seguridad, o cerrarlas al comercio con sus principales clientes, por razones ideológicas. Las fuerzas que operan en lo internacional no pueden ser ignoradas, aunque un país no esté de acuerdo con ellas.

En el año 2006 el Ecuador adoptó dos libros blancos sobre política internacional y seguridad y defensa, llamados a ofrecer una orientación estable en tan complejas materias. Para prepararlos se consultó ampliamente a la ciudadanía. El libro blanco de política exterior se llamó‘Planex’ y debía servir para fundamentar políticas de Estado hasta el año 2020. Lamentablemente, ese meritorio trabajo ha sido ignorado por el actual Gobierno, cuyas decisiones reflejan tan solo el pensamiento y los humores del jefe de Estado.