Carlos Jaramillo

Parque de la Ciudad

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Sábado 21 de julio 2012
21 de July de 2012 00:01

Hace cuatro días el Municipio Metropolitano “oficializó” el proyecto para la construcción del Parque de la Ciudad o Parque del Lago, en el predio que ocupa el emblemático aeropuerto Mariscal Sucre, en el área urbana del norte de Quito y que, tras 52años de historia, dejará de funcionar el 12 de octubre, fecha en la que se efectuará la inauguración del nuevo aeropuerto internacional en Tababela.

El Municipio convocó en agosto del 2008 un concurso internacional para la utilización de ese predio de 132 hectáreas, que será transformado en el parque de recreación más grande de Sudamérica, entre aquellos ubicados dentro del área urbana. Profesionales de 25 países presentaron 196 trabajos y el jurado calificador declaró triunfador al proyecto presentado por el ecuatoriano Ernesto Bilbao. El Cabildo acogió e introdujo algunas modificaciones al ambicioso proyecto, cuya ejecución se cumplirá por etapas. Se anunció que los trabajos preliminares comenzarán tan pronto como dejen de funcionar las instalaciones del viejo aeródromo.

Así mismo se dio a conocer que, para evitar tentaciones, el Ayuntamiento aprobó una ordenanza especial que constituye un “candado” para impedir la utilización de espacios de ese parque para edificios públicos, viviendas, etc. Ojalá no asomen ganzúas que vulneren dicha cerradura.

El proyecto contempla extensas áreas verdes, un lago, un polideportivo, ciclovía, senderos para caminatas, espacios para actividades atléticas, una terminal multimodal del metro, calles transversales para conectar las avenidas Galo Plaza y De la Prensa, una arteria entre la Real Audiencia y la Amazonas, la Unidad Educativa Benalcázar, etc. Los edificios existentes serán adecuados para centros de convenciones, salas de exposiciones, biblioteca, mercado y otros servicios.

El próximo mes se someterá a consideración del Cabildo una ordenanza para el desarrollo de la zona circundante, que permitirá la construcción de edificios altos, que antes eran prohibidos por las operaciones aéreas.

Como es obvio, existe gran expectación por esta gigantesca y novedosa obra, que constituirá paraje de esparcimiento y pulmón para esta congestionada urbe. Junto a las expresiones de aplauso hay criterios valiosos y bien intencionados de que debe darse atención prioritaria a uno de los acuciantes problemas que soporta Quito, la saturación vehicular, y que, por tanto, deben incluirse suficientes calles transversales y parqueaderos; una arteria longitudinal amplia, paralela a la avenida Galo Plaza, con mayor razón si la vía de acceso al nuevo aeropuerto partirá de Collas, cerca de Guayllabamba; la prolongación tipo “cielo abierto” del metro hacia el norte, etc. Si ya hubiesen sido tomadas en cuenta estas inquietudes, en buena hora.