Miguel Rivadeneira

Mientras otros suman y avanzan…

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Lunes 20 de agosto 2012
20 de August de 2012 00:00

Cuando uno compara realidades, culturas y experiencias vividas (no es que me contaron) se advierte la gran diferencia de sociedades. Unas (Taiwán) en donde trabajan intensamente todos los días, suman, multiplican y se desarrollan velozmente, respetan las leyes y no se desgastan en confrontaciones inútiles, con el impulso prioritario al sistema educativo, sin sembrar miedo, sin cálculo político y por ello los resultados que exhiben. Enseñan a pescar y no dan el pescado como dádiva para mantener el apoyo electoral. No incitan a la vagancia con una migaja del Estado sino a ser productivos.

Construyen e impulsan el desarrollo con pragmatismo y no se quedan en la pelea y la confrontación. Practican, no predican, la democracia y uno de sus lemas es comer y dejar comer, sin odios ni resentimientos de por vida hasta tratar de aniquilar a todos los que se oponen, discrepan o critican. Enseñan más acción y menos palabras. Impulsan un desarrollo sostenido, con prioridad en la calidad de la educación, sin desviar la atención con escándalos (el caso de las irregularidades en el reconocimiento de las organizaciones políticas, que deben ser sancionadas) o confrontaciones externas con el argumento de defensa de las libertades y DD.HH., que no respetan internamente.

En otros países trabajan en equipo y logran medallas en Juegos Olímpicos, sin mostrar división entre dirigentes y autoridades ni mal ejemplo a los deportistas. No pierden el tiempo en polarizar posiciones y deslegitimar a quienes no coinciden con el pensamiento único con el que se pretende uniformar, en medio de la desidia de quienes primero debieran informarse bien y luego libremente hacer lo que quieran, pero con cabal conocimiento de causa.

Generan trabajo, facilitan el emprendimiento, la investigación científica, respetan en la práctica el pensamiento crítico y desarrollan el talento humano, sin discursos ni el atiborramiento de la propaganda oficial porque no necesitan. Se respira un ambiente de seguridad jurídica, sin cambio de reglas de juego en cualquier momento, de seguridad ciudadana que les permite a todos, niños, jóvenes, adultos y ancianos, circular libremente sin miedo ni esconder la laptop, el iPad, el iPhone o la cámara de fotos.

Se combate y se entregan resultados concretos en la lucha contra la corrupción, con cero tolerancia, sin impunidad ni retardo de la justicia. Sin pretextos ni acusaciones, como cortina de humo para tapar los hechos. No piensan que solo con la entrega de recursos, el cambio de infraestructura y el mejoramiento tecnológico se arregla todo, cuando el principal motor constituye el capital humano, la honestidad, la transparencia, la independencia de los jueces que no agachan la cabeza para someterse y tenerle pavor al poder; el respeto al libre pensamiento, expresión y opinión.