Sebastián Mantilla

La “hora borojó”

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Miércoles 01 de mayo 2019

El flamante alcalde de Quito, Jorge Yunda, está por empezar su gestión con el pie izquierdo. No digo esto por su posición e inclinación política sino porque preocupan sus primeros anuncios y posibles acciones cuando asuma su cargo el próximo 14 de mayo.

Jorge Yunda propuso en días pasados poner en vigencia la “hora borojó” y, en consecuencia, eliminar la “hora zanahoria” que obliga a bares, restaurantes, discotecas y locales de diversión a atender solo hasta las 02:00 am. Si queremos ser atractivos para el turismo, ha dicho, tenemos que ser una ciudad viva las 24 horas. La idea es subir a cuatro millones de turistas al año. No obstante, esto es discutible por varias razones.

Primero, si en Medellín, Bogotá, Santiago de Chile o Lima operan este tipo de negocios las 24 horas, esto no quiere decir que acá tengamos que copiar y hacer exactamente lo mismo.

Segundo, el hecho de que bares, restaurantes, discotecas y locales de diversión atiendan 24 horas puede efectivamente aumentar el flujo de personas. Sin embargo, lo que se va a ocasionar es impulsar un tipo de turismo que probablemente no le aporte mucho a Quito en términos económicos, de seguridad e imagen. Al contrario, puede generar más problemas.

Tercero, uno de los grandes problemas que hoy en día tiene la ciudad es el incremento de los índices de inseguridad ciudadana. Si en las actuales condiciones la capacidad de respuesta de la Policía Nacional es limitada, no me imagino lo que pueda pasar cuando esté vigente la “hora borojó”.

Cuarto, el consumo de drogas y de alcohol en la ciudad, más allá de las cifras, ha subido en los últimos años. La tabla de porte y consumo de drogas, aprobada en el 2013 por CONSEP, aunque redujo el número de población carcelaria, disparó, por otro lado, el consumo y el microtráfico. Es prácticamente imposible diferenciar a un consumidor de un vendedor de droga.

¿Qué quiero decir con esto? Que la eliminación de la “hora zanahoria” puede ayudar al incremento de las ventas de los locales de diversión pero puede también convertirse en una política pública indirecta de fomento de otras actividades que queremos combatir: delincuencia, consumo de alcohol y drogas, violencia interpersonal, tráfico de estupefacientes, trata de personas, accidentes de tránsito provocados por personas en estado de embriaguez.

El alcalde electo debería ver las cosas de diferente manera. Quito tiene potencialidades y atractivos turísticos que no están siendo debidamente aprovechados: el centro histórico, la línea equinoccial, museos, etc. La infraestructura está, en muchos casos, en mal estado. No hay seguridad para el turista. Los servicios son de mala calidad. En consecuencia, las acciones que se emprendan deberían enfocarse a hacer de Quito un real destino turístico de la región, mejorando en muchos aspectos la oferta y apuntando a un turista con un mayor poder adquisitivo y que genere mayores encadenamientos productivos.