Rodrigo Fierro

Historia de un pueblo libre

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Jueves 09 de enero 2020

Es la historia de Guangaje, provincia del Cotopaxi, comunidad indígena que ama la libertad desde que se tiene memoria. Desconocida por los más. Periodistas acuciosos se refieren a Guangaje como una de las poblaciones más pobres de la Sierra, espacio en la que los habitantes ‘conviven con la neblina’. De Latacunga se llega a Guangaje pasando por Zumbahua.

Guangaje se halla a 4.000 msnm. Hecho portentoso en los Andes ecuatorianos. Durante la Colonia los jesuitas trajeron merinos castellanos que en los buenos pastos de las inmensas pampas hallaron un hábitat ideal para multiplicarse, manteniendo las excelencias de su lana. Fue allí donde funcionaban los obrajes en los que se producían las insuperables ‘bayetas de Castilla’.

En uno de aquellos obrajes, el de Tilipulo, el visitante de hoy ve en las canchas de labor las argollas que les ponían en los tobillos a los tejedores. Trabajo de esclavos, de sol a sol. El ambiente húmedo que requería la lana. Alimentación miserable. Los trabajadores no llegaban a los 30 años de edad, morían tuberculosos. Fueron los ascendientes de los actuales pobladores de Guangaje los que prefirieron treparse hasta las nubes a someterse a tal esclavitud.

¿Qué nos llevó a Guangaje? En 1886 el médico cusqueño Antonio Lorena observó que la prevalencia de bocio disminuía en poblaciones de las alturas del Urubamba (por sobre los 3.200 msnm), pese a que la deficiencia de yodo, fue su opinión, debía ser mayor. Se trataba de un capítulo históricamente importante de la bio patología andina. Fuimos nosotros, ecuatorianos, los que le tomamos la posta al Dr. Lorena. Identificamos los mecanismos de adaptación de la tiroides humana a las grandes alturas. La aportación consta en los registros bibliográficos pertinentes.

Llegamos al centro de Guangaje un domingo, día de la feria y, a veces, de la visita del ‘cura doctrinero’, como en la Colonia. La placita rodeada de chozas, la capilla ruinosa. Los lugareños de aspecto saludable. Repicar de campana. Mas bien pocos los que van a misa. De final, el cura: “¿Cuántos dioses hay?” “Uno”, todos los asistentes. “¿Cuántas personas distintas en un solo Dios verdadero?” Silencio. El cura levantando tres dedos de la mano derecha. Silencio. El cura: “¡Indios brutos, nunca aprenderán la doctrina cristiana!” Y se fue…

En el inmenso altiplano, en las faldas sur de los Ilinizas, pequeños caseríos, gallinas y cuyes. Manadas de ovejas y chivos. Sembríos de papas, mashuas, mellocos y ocas. La alimentación a base de carne de esos animales y de aquellos tubérculos; leche de cabra. Normal prevalencia de bocio, baja ingestión de yodo. Las mujeres medio sonreídas; los hombres, bien plantados mirándote a los ojos. Por lo que sabemos han desaparecido las chozas, una escuela, camino carrozable, luz eléctrica. Los nativos no emigran.

rfierro@elcomercio.org